El Sexenni, único y espectacular, solo cada seis años

Hay muchas razones para visitar Morella, una joya en el interior de Castellón: su castillo y murallas, su exquisita trufa negra, pero este año sobresale una entre las demás, esta fiesta que llena de coloridos tapices las calles en honor a la Virgen de la Vallivana.

por hola.com

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No se equivocaba Pío Baroja cuando decía que Morella parecía una de esas ciudades de “cíplopes o gigantes” que emergen en lo más alto de un cerro de piedra caliza sobre los bosques de carrascas, quejigos y pinos de la accidentada comarca de Els Ports. Y no se equivocaba, sobre todo porque pasa por ser la más altiva e inexpugnable. Por algo es la capital, y por algo la fortaleza que la corona fue codiciada desde antiguo por guerreros, nobles y hasta por el Cid Campeador. Si se admira desde la lejanía tiene toda la apariencia de un lugar inaccesible, una vez a las puertas de su muralla a lo que invitan sus siete puertas es a entrar.

Pero conviene no precipitarse en llegar a sus pies y detenerse una veintena de kilómetros antes, porque en un lugar aislado de la N-232 sale al paso el santuario de la Virgen de la Vallivana. Podría pasar inadvertido si no fuera porque en él se guarda una pequeña escultura de apenas 29 centímetros de la Virgen a la que mucho debe el pueblo. Tanto como que es el origen de la celebración de su gran fiesta del Sexenni, a la que desde 1673 llevan agradeciendo los morellanos, de seis en seis años, haberse librado de una terrible plaga de peste. Y este año, toca. Después se seguirá cumpliendo en 2018, 2024, 2030...

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Este año se celebra del 16 al 27 de agosto, aunque desde un año antes los vecinos ya ‘viven’ la fiesta, afanándose en la confección de los tapices y adornos de papel rizado que durante esos nueve días dan color a sus calles. La celebración da comienzo con una rogativa en la que centenares de romeros acompañan portando antorchas a la patrona desde su eremitorio hasta el pueblo y se suceden los desfiles de los distintos gremios de la ciudad, los bailes y otras tradiciones culturales. Si no se llega a tiempo, siempre queda el consuelo de sentir la fiesta en el Museo del Sexenni, instalado en la iglesia de San Nicolás.

Si no coincide, Morella sigue teniendo un encanto inagotable, desde su inconfundible silueta recortándose en el horizonte y protegida por sus dos kilómetros y medio de cincho amurallado levantado por Pedro el Ceremonioso hasta su laberinto de calles empinadas y escalonadas a las que asoman caserones nobles e iglesias antiguas de gran valor artístico que hacen de ella la ciudad gótica más interesante de la Comunidad Valenciana.

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A Morella hay que ‘atacarla’ por la puerta de Sant Miquel, protegida por dos de las 14 torres que conserva en pie la muralla y que hoy acogen el Museo Temps de Dinosaures. Desde aquí, se puede visitar en la iglesia que da nombre a esta puerta el museo Temps de Dinosaures, y después seguir en dirección a la Pla dels Estudis por la calle Juan Giner –donde se admira el edificio gótico del Ayuntamiento- y la porticada Blasco de Alagón. Flanqueada por hermosas casas de piedra con balcones y miradores, es la calle comercial por excelencia, además del mejor lugar para hacer acopio de los productos de la tierra: una manta morellana -recuerdo de la tradición textil de Morella-, miel, quesos o los típicos flaó, el dulce celestial de las pastelerías morellanas.

Empeñados en conquistar la mole rocosa sobre la que toma asiento la población, hay que seguir subiendo para toparse con la iglesia arciprestal de Santa María la Mayor, una joya del gótico valenciano. Con dos puertas de singular belleza, en su interior –donde se celebra en el mes de agosto un gran festival de música barroca- lo que hay que observar con atención es el altar mayor y la magnífica escalera de caracol que sube al imponente coro. Y a la sombra del castillo, otra parada imprescindible, el Real Convento de San Francisco, que proximamente se convertirá en Parador de Turismo y cuenta con un evocador claustro gótico.

A 1.070 metros de altitud, el castillo es un mirador de excepción sobre la comarca. Tras una ruta circular para llegar a él, basta situarse en la plaza de Armas, su punto más alto, para entender porque esta plaza fuerte fue tan deseada. Por aquí Jaime I, el rey aragonés, realizó su entrada en el territorio valenciano para arrebatárselo a los árabes. Pero fue, sobre todo, en las guerras carlistas, en la primera mitad del XIX, cuando el general Cabrera puso en jaque desde este nido de águilas a la monarquía de Fernando VII. Más tranquilos hoy los tiempos, lo que queda es seguir deambulando por el casco antiguo y descubrir aquí y allá rincones sorprendentes: capillas enclavadas en los muros de una casa, arcos ojivales en las calles, y hasta, fuera del recinto amurallado, los restos de un acueducto o, más lejos, en la partida de Morella la Vella, unas interesantes pinturas rupestres que, incluidas en el Arte Rupestre Levantino, forman parte del Patrimonio de la Humanidad.

GUÍA PRÁCTICA

Cuándo ir
Durante el Sexenni, este año del 16 al 27 de agosto, y entre febrero y marzo, durante las Jornadas Gastronómicas de la Trufa, cuando Morella se convierte en la capital del diamante negro de la cocina del Maestrazgo. También en enero, durante la fiesta medieval de la Santontonada, uno de los eventos más antiguos de la Comunidad Valenciana, y en primavera, la época más propicia para hacer senderismo por el entorno.

Dónde dormir
En el hotel Rey Don Jaime, un clásico de la localidad que cuenta con restaurante; en El Pastor, integrado en la arquitectura medieval de la ciudad o en uno de los alojamiento rurales que se integran en la Central Casas de Morella.

Dónde comer
En Casa Roque (Cuesta San Juan, 1), un clásico referente de la gastronomía morellana ubicado en un edificio del siglo XVII; en el pequeño y cuidado comedor de Daluan (Callejón Cárcel, 4) , que ofrece una cocina tradicional con detalles; en El Mesón del Pastor (Cuesta Jovaní, 5) , cuya cocina combina tradición y modernidad, o en La Fonda Moreno (Sant Nicolau, 12), un impoluto comedor que, como los anteriores, es un referente imprescindible durante las Jornadas Gastronómicas de la Trufa. También cuenta con hotel.

Más información
Sexenni y Turismo de Morella.

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