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Plaza del Plebiscito, Plaza del Plebiscito al atardecer, Nápoles© Alamy Stock Photo

ITALIA

Pasión en Nápoles: ruta por los escenarios de 'Parthenope', el último filme de Sorrentino

De su fachada marítima con el Vesubio de fondo al alegre embrollo de sus calles decadentes. Un paseo por la belleza y las contradicciones de la más temperamental de las ciudades italianas, encarnada en la deslumbrante Celeste Dalla Porta.


26 de febrero de 2025 - 13:42 CET

Es una epopeya sobre la belleza llevada a la dolorosa extenuación. Un relato que oscila entre el hedonismo y la tragedia, entre lo efímero y la eternidad. Parthenope, la última película de Paolo Sorrentino, encierra un canto melancólico a la juventud, a las frágiles emociones de una mujer dotada de un atractivo desbordante. Ella es Celeste Dalla Porta, la muchacha nacida de las olas del mar.

Parthenope Celeste Dalla Porta, Italia© FlixPix / Alamy Stock Photo
Celeste Dalla Porta, la chica nacida de las olas del mar.

Pero a su vez Parthenope es un retrato lírico sobre Nápoles, una carta de amor a la ciudad natal del director, cargada de simbolismo y densidad conceptual. Con una arrolladora potencia visual, la cinta captura las contradicciones de esta metrópoli caótica y temperamental. “Es imposible ser feliz en la ciudad más hermosa del mundo”, dice en cierta ocasión uno de los personajes.

Parthenope, en realidad, fue la sirena que se enamoró de Ulises y que, despechada ante el rechazo del héroe, se arrojó al mar y este arrastró su cuerpo hasta la costa. Allí donde llegó se fundó Nápoles, según cuenta la mitología. Una ciudad que poco a poco se fue desparramando por la bahía, siempre bajo la telúrica mirada del Vesubio.

Vista del golfo de Nápoles desde la colina Posillipo con el Vesubio al fondo, Italia© Alessandro Tortora / Alamy Stock Photo
Vista del golfo de Nápoles desde la colina Posillipo con el Vesubio al fondo.

LA ELEGANCIA DEL CASCO HISTÓRICO

Una y otra vez aparece en la película esta fachada marítima, abierta a los azules del Mediterráneo. Aquí es donde descansa la casa de los protagonistas, un viejo palacio aristocrático, tan refinado como la carroza versallesca con la que surcan las olas en una de las escenas más extravagantes. Puro Sorrentino.

Plaza de San Domenico Maggiore, Nápoles
Plaza de San Domenico Maggiore.

Es el Nápoles de salitre el que más se retrata en el filme, con impresionantes amaneceres que recortan la silueta perfecta de Celeste. Pero no es ni mucho menos el único. La cámara se adentra en los vericuetos del que se erige en uno de los mayores cascos históricos de Europa, declarado Patrimonio de la Humanidad. Un lugar que repasa la tumultuosa historia de la ciudad, con la huella de griegos, normandos, romanos, bizantinos y franceses… sin olvidar que durante siglos también tuvo dominio español. 

Plaza del Plebiscito y el castillo de Sant Elmo en lo alto, Nápoles© Alamy Stock Photo
Plaza del Plebiscito y el castillo de Sant Elmo en lo alto.

Este centro, coronado por tres castillos (el del Huevo, el Nuevo y el de San Telmo, en la colina del Vómero), es, en ocasiones, el marco en el que se explota la belleza. Como cuando recoge en las calles el desfile de esas jóvenes impecablemente glamourosas, como si se tratara de un anuncio de Yves Saint Laurent (quien, por cierto, ha aportado parte del presupuesto). 

Calle del barrio español, Nápoles.© Arpad Radoczy / Alamy Stock Photo
Calle del barrio español.

En las entrañas de Nápoles aparece la ciudad anárquica y vociferante, su rostro más canalla y popular

LA VENA MÁS CANALLA

Pero otras veces las entrañas de Nápoles sirven para exponer el caos. Es entonces cuando aparece la ciudad anárquica y vociferante de los mercados, los tenderetes de pescado en plena calle y los puestos a los que llaman triperías y en los que se vende eso, tripas fritas con sal y limón. Movimiento y griterío con los que se expone la vena más canalla, que tiene su máxima expresión cuando Parthenope deambula en la noche bajo los soportales: ahí aparece la quintaesencia del rostro más popular. 

Santa Maria Asunta o catedral de San Genaro, escenario de la película.© Dimitar Chobanov / Alamy Stock Photo
En la Capilla Real de la catedral tiene lugar uno de los grandes misterios de Nápoles.

La Universidad, en la que la protagonista decide estudiar Antropología para hallar la respuesta a sus preguntas, conforma otro escenario de la película, como también lo hace la catedral y, más concretamente, la Capilla Real, donde tiene lugar uno de los misterios imperecederos de Nápoles: el milagro de San Genaro, por el que la sangre del santo, que se conserva reseca y negruzca en un tarro, se vuelve líquida y roja en tres días concretos del año. Si este prodigio no se produce, mal asunto: alguna calamidad está a punto de suceder, como ocurrió en 1939, el año en que comenzó la Segunda Guerra Mundial. 

Mirador de la isla de Capri, Italia
Mirador de la isla de Capri.

EL VERANO DE CAPRI

Aunque la ciudad de la pizza ocupa la mayor parte del metraje, en un momento dado la acción se traslada a Capri, donde tiene lugar el verano de la dicha y la debacle. En esta isla del archipiélago de la Campania, a la que se llega en ferri en apenas una hora, se suceden hermosas imágenes que hacen honor a su carácter sibarita.

Fiestas como las que organizaba el emperador Tiberio en el palacio Villa Jovis (y que nuestros personajes reviven con sus ansias de juventud) recuerdan que este lugar es el preferido de la jet set, que derrocha sus fortunas en las prohibitivas boutiques de la Via Camerelle y se dejan ver en las terrazas de la sofisticada Piazzetta.

Pero también hay lugar en la cinta para mostrar la naturaleza de Capri, siempre con el horizonte de un mar centelleante. Aquí Parthenope descubre algo mucho más revelador que el poder de la seducción y los primeros latidos del amor: el paso inexorable del tiempo y el consecuente marchitar de la belleza.

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