El caso de Marius Borg, que arrancó el pasado agosto con lo que parecía ser una denuncia por malos tratos, fue creciendo de forma exponencial y acumulando víctimas, cargos y órdenes de alejamiento hasta convertirse en una investigación compleja que a día de hoy está en manos de la fiscalía. El hijo de Mette-Marit de Noruega, que niega toda culpabilidad penal y solo reconoce el primer caso de todos, para el que alegó estar bajo los efectos del alcohol, la cocaína y padecer trastornos de salud mental, ha querido replantearse ahora su defensa y después de siete meses de silencio, ha cambiado de estrategia y de abogado con un comunicado que resulta ser el segundo desde que comenzó todo. La expectación se mantiene en torno al joven que entró con cuatro años en la Casa Real noruega, mientras la institución guarda silencio.
"Me gustaría agradecer a Øyvind Bratlien y a sus colegas la asistencia jurídica que he recibido durante los últimos seis meses. Han estado a mi lado durante el período más difícil de mi vida. Siempre estaré agradecido por ello", dice el hijo de Mette-Marit a través de un comunicado que presenta su nueva abogada, Ellen Holager Andenæs, a la cadena pública TV2, que cuenta que esta abogada tiene una amplia experiencia en el servicio de policía y ha ocupado cargos como fiscal, juez en funciones y jefa de vigilancia del Servicio de Vigilancia de la Policía.
Aunque de forma oficial no se ha dado explicación para el cambio de abogado, los medios noruegos apuntan a que ella tiene un perfil distinto a Øyvind Bratlien, que al principio aseguró que el caso de Marius era el más "sencillo" en el que había trabajado, pero parece que se le ha ido complicando a pasos agigantados. Por otro lado, el hasta ahora abogado de Marius era descrito por la prensa del país como especializado en "mafiosos y líderes de bandas".
La nueva abogada de Marius todavía no ha querido hacer declaraciones sobre la investigación y ha pedido tiempo para estudiar la documentación y familiarizarse con un caso para el que la policía lleva meses recopilando pruebas y ha hecho hasta 60 interrogatorios.
Hay que recordar que el hijo de Mette-Marit fue arrestado el 4 de agosto del año pasado después de agredir a su entonces novia en un apartamento de Frogner, Oslo. Diez días después, Høiby escribió una carta abierta a la prensa en la que pedía disculpas a la mujer ofendida, contra la que tenía una orden de alejamiento, y explicaba que tenía un problema de drogas. Más tarde, los cargos contra el hijo de la Princesa Heredera se volvieron mucho más graves, ya que dos de sus exnovias también se personaron como víctimas, Juliane Snekkestad (29) y Nora Haukland (27). Fue mientras se investigaba estos casos de violencia, amenazas y acoso en el entorno cercano, cuando la policía accedió a los dispositivos móviles de Marius (que él supuestamente había tratado de borrar de forma remota) y descubrió lo que según las autoridades podrías ser dos casos de violación y uno de ellos pudo tener lugar en la residencia oficial del príncipe Haakon. Durante este proceso, el hijo de la princesa llegó a estar una semana en cárcel, bajo un régimen de prisión provisional y con el fin de que no pudiera eliminar pruebas, tras lo cual puso rumbo a un centro de rehabilitación en el Reino Unido.
Desde que saltó la noticia, el clima y la opinión pública ha ido variando en torno a la Casa Real noruega, si bien en un asunto que les afecta, sobre todo, a la mujer del príncipe heredero, se valora la gestión de la jefatura del Estado por parte del rey Harald, que a pesar de su avanzada edad y de su deseo de dar un paso atrás, continúa siendo el mejor valorado, mientras la institución ha tomado la postura de guardar silencio y apoyar a las autoridades hasta que se resuelva el caso. Con respecto a Mette-Marit de Noruega las impresiones han sido distintas, ya que algunos flecos de la investigación le han salpicado, ya que alguna de las exnovias asegura que ella estaba al corriente de todo y, según la prensa noruega, ella fue avisada de la primera detención de su hijo y pudo ayudarle a eliminar pruebas, una acusación que no ha sido probada en sede judicial.