Las infantas Elena y Cristina y sus hijos, sin Froilán, participan en la misa multitudinaria de Cibeles. Desde primerísima hora de la mañana se respira en Madrid un ambiente muy especial. La ciudad está completamente volcada con la visita del Papa León XIV, que tiene además raíces españolas. Tras la primera jornada, que estuvo llena de momentos para el recuerdo, ha arrancado su agenda este domingo con el acto más esperado, que en ¡HOLA! te contamos en directo: la Santa Misa en la plaza de Cibeles, donde ha congregado a la familia del Rey prácticamente al completo y a más de 1.200.000 fieles, entre los que se encuentran numerosos rostros conocidos.
Los reyes Felipe y Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía han recibido al Santo Padre a las puertas del Palacio de Cibeles, sede del Ayuntamiento de Madrid. Tras un breve recorrido al que se han sumado autoridades como el alcalde de la capital o la presidenta de la Comunidad, han salido hacia el inmenso altar, donde aguardaban 1600 concelebrantes. A escasos metros esperaban también la infanta Elena con Victoria Federica de Marichalar y la infanta Cristina con Juan, Pablo, Miguel e Irene Urdangarin.
Un despliegue familiar sin precedentes en la Plaza de Cibeles
Este reencuentro en el corazón de la capital supone un despliegue familiar sin precedentes que subraya la relevancia histórica de un viaje llamado a fortalecer los vínculos entre la Santa Sede y la Corona española. Aunque la sobriedad y la devoción marcaron la pauta de la jornada, la expectación era máxima al confirmarse que la familia del Rey, entre cuyos miembros se encuentran las infantas Elena y Cristina, asistiría a uno de los actos más destacados de la agenda institucional. Las miradas de los fieles y las cámaras allí apostadas se dirigían con especial afecto hacia la zona donde se ubicaban los primos de la princesa Leonor y la infanta Sofía.
El desembarco de la familia de Felipe VI en Madrid ha propiciado una estampa única de unión. Los hijos de la infanta Cristina —Juan, Pablo, Miguel e Irene Urdangarin—, junto a Victoria Federica, se mostraron muy atentos durante toda la liturgia del Corpus Christi. Como se puede apreciar en imágenes exclusivas del evento, el grupo de nietos de los reyes don Juan Carlos y doña Sofía aportó una nota de frescura y juventud a la histórica celebración en la Plaza de Cibeles, asistiendo además acompañados por sus respectivas parejas en un gesto que constata la madurez de los jóvenes y la consolidación de sus vínculos personales. La única y destacada ausencia de la jornada fue la de Froilán de Marichalar, quien se encuentra residiendo en Abu Dabi y no pudo unirse al resto de sus familiares en esta señalada cita dominical.
Un reencuentro de solemnidad
Los actos de este fin de semana suponen el segundo encuentro de gran calado entre la Familia Real y la dinastía Borbón en lo que va de año, tras el emotivo reencuentro que se produjo el pasado mes de enero con motivo del triste fallecimiento de la princesa Irene, hermana de la reina Sofía. Sin embargo, en esta ocasión el escenario se ha revestido de simbolismo al tratarse de una nueva visita de un Pontífice a España, un acontecimiento histórico que comenzó a fraguarse el sábado 6 de junio cuando los reyes Felipe VI y doña Letizia recibieron en el Aeropuerto de Barajas al Santo Padre, llegado directamente desde Roma.
Entre los vítores al Rey y el gran fervor de la familia de Don Felipe
Toda la representación de la dinastía Borbón ha podido ser testigo directo de una mañana inundada por el afecto popular, donde los cánticos y los "¡Viva el Rey!" han resonado con fuerza en una plaza engalanada con un impresionante jardín urbano de más de 100.000 flores blancas y amarillas. Las infantas Elena y Cristina han seguido con gran recogimiento cada instante de la ceremonia. Han compartido la emoción colectiva cuando el Santo Padre ha recibido las llaves de la ciudad de manos del alcalde y ha firmado en el Libro de Honor del Ayuntamiento con una dedicatoria muy especial: "Que Madrid siga siendo una ciudad acogedora e integradora, donde la vida en sociedad se inspire en los auténticos valores humanos".
Asimismo, la familia de Don Felipe ha presenciado momentos de profunda espiritualidad, especialmente durante la homilía, cuando el Pontífice ha lanzado un mensaje que ha calado hondo en los asistentes. "He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy", ha dicho León XIV de forma solemne. Poco después, durante el rito de la paz, las infantas y sus hijos han contemplado un instante tan sencillo como inolvidable en el presbiterio, cuando los Reyes se han dado dos besos con total naturalidad ante la mirada cómplice de sus hijas, aportando una inmensa calidez familiar en medio de la rigurosidad del protocolo.
Máximo recogimiento y una procesión para el recuerdo en Madrid
El tramo final de la Eucaristía ha dejado imágenes de absoluto silencio y concentración que han contagiado a todos los miembros de la familia del Rey. Durante la consagración, tanto doña Letizia como la princesa Leonor y la infanta Sofía han inclinado la cabeza respetuosamente en un entorno inundado por el denso y tradicional aroma del incienso. Tras la comunión, donde se ha utilizado el histórico Cáliz neogótico de la Reina María de las Mercedes, ha dado comienzo la procesión del Corpus Christi. Mientras el Papa avanzaba portando la custodia bajo un palio sostenido por doce seminaristas, las infantas y sus hijos han permanecido en el presbiterio observando cómo el Santo Padre recorría los 500 metros de la calle Alcalá, bellamente decorada con alfombras de 30.000 claveles confeccionadas por los alfombristas de Ponteareas.











