Seis meses, 17.000 millas náuticas y ocho países, esas son las cifras del XCVII crucero de instrucción que la princesa Leonor y sus compañeros están realizando a bordo del Juan Sebastián de Elcano. En el ecuador de la navegación, la heredera al trono y el resto de guardiamarinas han llegado a un nuevo destino, la ciudad chilena de Valparaíso. Sin embargo, aún habrá que esperar unas horas para que comience oficialmente esta primera escala en el Pacífico. Te contamos a continuación los motivos y los próximos pasos que van a dar los miembros de la Armada en el país de América del Sur.
Alrededor de las diez de la mañana (hora local), en las aguas de Valparaíso se ha divisado a lo lejos el histórico bergantín-goleta aproximándose a la ciudad. En ese momento se encontraba a unos 8 kilómetros, a la altura de Viña del Mar, una localidad muy popular por acoger cada año un festival musical que siempre ha contado con presencia española. Desde esa hora, los tripulantes de Elcano están fondeando las aguas, ya que no se puede atracar en ningún puerto sin los permisos de las autoridades, un trámite que se espera completar durante la madrugada (en Chile son cinco horas menos).
Una vez que Elcano atraque en el muelle, la hija mayor de los Reyes y sus compañeros tienen una intensa agenda que se espera termine el martes 8 de abril. La primera toma de contacto con Valparaíso correrá a cargo del capitán de navío, Luis Carreras-Presas do Campo. En ocasiones previas, el comandante del barco ha dado algunos detalles de la vida en alta mar: "Los guardiamarinas intensifican su formación marinera, naval, militar, pero también la académica, porque reciben entre cinco y ocho horas de clase al día, como cualquier universitario. También es importante la formación humanística y social".
El sábado se celebrará en el buque-escuela una ceremonia privada de jura de la bandera española, como ocurrió en Montevideo. La princesa Leonor, que en el futuro tendrá el mando supremo de los tres Ejércitos, ejerció ese día de abanderada, igual que lo hizo su padre en el mismo escenario en 1987. Durante todo el fin de semana, los guardiamarinas abrirán al público las puertas de lo que ahora es su hogar: un barco con 113 metros de eslora, 13 metros de manga, un motor diésel y una hélice dextrógira de cuatro palas y 2,46 metros de diámetro. Los curiosos que quieran acceder tendrán la oportunidad de ver los camarotes, la sala en la que reciben las asignaturas teóricas, la zona en la que pasan el tiempo de ocio... También verán de qué forma los Reyes están presentes.
El lunes, los 76 guardiamarinas harán una salida. El destino es la escuela naval Arturo Prat, que se encuentra en Playa Ancha (Valparaíso), rodeada de naturaleza. Se trata de un recinto de más de 14 hectáreas que tiene modernas salas de clases, de estudio, de náutica y de navegación costera; laboratorio de física, química, idiomas y computación; biblioteca, comedores y dormitorios, además de una completa estructura de servicios auxiliares. Cuenta, además, con un moderno complejo deportivo de estándar olímpico en el que hay piscina climatizada y gimnasio.
En este recinto, la princesa Leonor y sus compañeros participarán en la inauguración de un busto del navegante español Blas de Lezo y Olavarrieta, que sirvió en la Armada francesa y en la española, que inicialmente estaban unidas, y fue ascendiendo hasta convertirse en capitán de navío. También tendrá un encuentro con los españoles que residen en Viña del Mar. Con esta recepción finalizará su paso por Chile y continuarán con su viaje, que les llevará a Perú, Panamá, Colombia, República Dominicana y Nueva York.
Los próximos pasos de la 'conveniente y valiosa' formación de Leonor de Borbón
Desde la Gran Manzana comenzarán el viaje de regreso a España, donde atracarán en Gijón, Ferrol, Marín y finalmente Cádiz, el mismo punto del que partieron. Finalizará entonces una de las experiencias más apasionantes de la princesa Leonor, que este verano ingresará en la Academia General del Aire y el Espacio en San Javier (Murcia), donde se prevé que aprenda a pilotar aviones de combate, como hizo su padre. Completará de esta forma la tercera parte de su formación castrense, esa que Felipe VI destacaba como "muy conveniente y valiosa" porque inculca virtudes como "la lealtad, la disciplina, el valor o el compañerismo, y principios como la responsabilidad, la ejemplaridad o la austeridad".