La paciencia y la tolerancia a la frustración son habilidades claves en el desarrollo emocional y cognitivo de los niños. Y no aparecen de forma espontánea: se construyen en la vida cotidiana, en esos momentos en los que un niño debe esperar, posponer un deseo o aceptar que algo no sale como imaginaba. Sin embargo, en un entorno acelerado, donde casi todo es inmediato, aprender a esperar se convierte en un desafío que requiere práctica y contención. Teniendo en cuenta que ese entorno está presente en la mayoría de familias hoy en día, ¿cómo fomentar la tolerancia a la frustración en los hijos? Sobre ello hemos hablado con Ara de Arana, psicóloga especializada en trastornos del neurodesarrollo, atención temprana e intervención con las familias y directora de NeuralKids Madrid, quien nos resuelve todas las dudas al respecto y nos deja claro que cultivar la paciencia no es un objetivo en sí mismo: es preparar a los niños para una vida en la que la frustración existe, pero no los desborda.
¿Por qué son tan importantes el desarrollo de la paciencia y de la tolerancia a la frustración en los niños?
Son habilidades imprescindibles para la vida infantil, pero sobre todo en la vida adulta. Hay muchos procesos de aprendizaje que son largos y que requieren de perseverancia y práctica. Esto está muy relacionado con ser capaz de continuar intentando hacer algo cuando no sale a la primera. Es decir tolerar errores y pequeños fracasos es fundamental para adquirir destrezas. Pensemos en los aprendizajes escolares, como la lectoescritura, necesitan años desde que se inician hasta que se consolidan. Son también necesarias para las relaciones sociales, ya que cuando los niños juegan e interactúan con otros, tienen que ponerse de acuerdo con otros (compartir juguetes, perder en algún juego, no elegir a qué se juega…) y eso precisa de tolerancia a la frustración.
Una habilidad importante para el futuro de los niños es poder demorar las gratificaciones, es decir, ser capaz de esperar para conseguir algo que desean
¿Cómo fomentar su desarrollo desde que son pequeñitos?
Las familias tienen un papel clave, estableciendo límites claros, coherentes y adecuados a la edad y la situación. Cuando le decimos a nuestro hijo que algo no puede ser o que ha de esperar, estamos trabajando la paciencia y la tolerancia a la frustración, en el día a día. Imaginemos una situación cotidiana, el niño está disfrutando en el parque pero es hora de irse, muchas veces no quieren irse, lógico, están pasándoselo genial. Quizá llore o proteste, si los padres, le explicamos la situación, le validamos sus emociones, pero mantenemos el irnos en el plazo que hayamos establecido, le vamos a ayudar a ir llevando mejor la insatisfacción.
También ayuda no atender a todas las demandas de los peques apresuradamente; los bebés son muy inmaduros y necesitan que los adultos respondan con consistencia y cierta premura a sus necesidades. Según van creciendo, se ha de ir estableciendo esperas en aquellas situaciones que no son fundamentales. Es complicado a veces, en este mundo tan acelerado, que las familias puedan bajar el ritmo, pero que los adultos respondan con calma también es positivo.
¿Y cuando son algo más mayores?
Continuar como hemos explicado, con los límites y las esperas. Se puede añadir juegos que impliquen poner en práctica estas habilidades; por ejemplo, juegos de mesa, son estupendos para aprender a perder, respetar turnos, hacer estrategias, pensar en lo que hará otro jugador. Los deportes también proporcionan la oportunidad de aprender con otros niños estas habilidades.
No hemos de olvidar que las actividades de la vida diaria son espacios perfectos en el día día: cocinar, recoger juguetes, ayudar a poner la mesa, arreglar algo roto en casa... Darles autonomía y dejarles probar y equivocarse; por ejemplo, en las tareas escolares, que sean ellos responsables de hacerlas, de preparar su mochila... no solucionarles cada pequeños problema que les surja. Estar disponible pero dejarles espacio para que sean ellos los que lo hagan, sabiendo que las primeras veces no saldrá perfecto, es lo esperable.
¿Qué papel juega la maduración del sistema nervioso en la capacidad de esperar, posponer deseos o tolerar límites?
La edad y la maduración propia de cada niño son fundamentales para entender ese desarrollo. Estas habilidades van ligadas a las funciones ejecutivas, situadas en la corteza prefrontal, que son una de las áreas que más tardan en madurar. Son las encargadas, entre otras cosas, de planificar, organizar, seguir una meta, regular las emociones, el autocontrol, la flexibilidad mental, la solución de problemas… y que no terminan de establecerse hasta la edad adulta. Por tanto, es importante que los adultos conozcamos lo que podemos esperar de los peques en cada momento y así ajustar las actividades y exigencias.
¿De qué manera la inmediatez del entorno actual (pantallas, ritmos rápidos, gratificación instantánea) afecta a la construcción de la paciencia?
El mundo actual está construido a un ritmo vertiginoso, que no es el ideal para los niños y adolescentes. El uso temprano de dispositivos electrónicos está totalmente desaconsejado; la Asociación Española de Pediatría (AEP) determina uso cero hasta los 6 años. Además se ha demostrado que cuando los padres usan las pantallas tienden a interpretar peor las señales de sus hijos y éstos a tener más dificultades de regulación emocional. Por tanto, es un reto para todas las casas, limitar el uso de los dispositivos en adultos y niños.
Además, sabemos que una habilidad importante para el futuro de los niños es poder demorar las gratificaciones, es decir, ser capaz de esperar para conseguir algo que desean. Los dispositivos, en especial los videojuegos actuales, no ayudan a adquirir estas habilidades, ya que con muy poco esfuerzo, con mover mi dedo por la pantalla, hay una respuesta de muchos estímulos intensos (imágenes, colores, movimiento, sonidos, brillos…)
¿Qué señales indican que un niño tiene una tolerancia a la frustración especialmente baja y necesita acompañamiento?
Creo que cuando interfiere en su vida diaria y provoca malestar, hay que pensar en pedir ayuda profesional. Si en el colegio se obstaculiza la adquisición de conocimientos y las relaciones sociales, si se observa que impide relacionarse con sus iguales de manera satisfactoria o si el niño percibe que le provoca sentimientos negativos. Los profesores y las familias suelen conocer bien a los pequeños para detectar posibles problemas.






