La maniobra de Hamilton se practica cuando está indicada en algunas mujeres al final del embarazo para ayudar a que el parto se desencadene por sí mismo sin tener que recurrir a la inducción mediante fármacos.
El Dr. Ernesto González Mesa, especialista en Ginecología y Obstetricia del Hospital Vithas Málaga, nos aclara cómo se lleva a cabo y qué mujeres son candidatas a ella.
El despegamiento de membranas aumenta las probabilidades de que el parto se inicie espontáneamente y disminuye la necesidad de recurrir a una inducción farmacológica
¿Cuándo se emplea la maniobra de Hamilton?
La maniobra de Hamilton suele plantearse cuando el embarazo ya ha llegado al término y pensamos que puede ser un buen momento para favorecer que el parto se inicie por sí solo. Habitualmente se ofrece a partir de las 39 o 40 semanas, sobre todo cuando queremos intentar evitar que, unos días después, sea necesario inducir el parto con medicación. Es importante dejar claro que no se trata de una maniobra que deba realizarse de forma rutinaria a todas las embarazadas. Cada embarazo es diferente y la decisión siempre debe individualizarse, teniendo en cuenta tanto la situación clínica como las preferencias de la mujer.
¿Qué se consigue al llevar a cabo esta maniobra?
Consiste en separar suavemente, con un dedo durante un tacto vaginal, las membranas que rodean al bebé de la parte inferior del útero. Ese pequeño estímulo favorece la liberación de prostaglandinas, unas sustancias que ayudan a que el cuello del útero madure y pueden facilitar que el organismo inicie el parto de manera natural. Este es probablemente el aspecto que genera más dudas. Muchas mujeres creen que la maniobra "provoca" el parto, pero no es exactamente así. Lo que hace es aumentar las posibilidades de que el parto empiece por sí solo si el organismo ya está preparado. En algunas mujeres funciona y en otras no produce ningún efecto.
¿Se puede realizar en el mismo paritorio o solo en consulta?
Lo más habitual es realizarla durante una de las últimas consultas del embarazo, ya sea por el ginecólogo o por la matrona. No requiere ingreso hospitalario ni ninguna preparación especial. También podría practicarse en el hospital si la mujer ya se encuentra allí por otro motivo, aunque no es una técnica propia del paritorio, porque normalmente se realiza antes de que el parto haya comenzado.
¿En qué condiciones tiene que estar el cuello del útero para poder realizarla?
Para poder hacer la maniobra es necesario que el cuello del útero haya empezado a modificarse y permita introducir un dedo. Si permanece completamente cerrado, sencillamente no puede realizarse. Además, cuanto más favorable esté el cuello (más blando o acortado), mayores son las probabilidades de que la maniobra resulte eficaz.
¿Se puede llevar a cabo varias veces en consulta antes de la fecha probable de parto?
Sí. Si después de una primera maniobra el parto no comienza y sigue existiendo indicación, puede repetirse en consultas posteriores, normalmente dejando pasar unos días entre una y otra. Sabemos, gracias a numerosos estudios, que el despegamiento de membranas aumenta las probabilidades de que el parto se inicie espontáneamente y disminuye la necesidad de recurrir a una inducción farmacológica. Aun así, no existe un número determinado de maniobras que garantice el éxito, por lo que siempre hay que valorar cada caso de forma individual.
¿Necesita la mujer otorgar su consentimiento antes de que se la practique?
Por supuesto. La mujer debe saber qué procedimiento se le va a realizar, para qué sirve, qué beneficios puede aportar, qué molestias puede ocasionar y cuáles son sus posibles riesgos. Solo después de recibir esa información puede decidir libremente si desea que se le practique. La maniobra de Hamilton nunca debería realizarse aprovechando un tacto vaginal sin que la mujer haya sido informada previamente y haya aceptado su realización.
No debe realizarse con placenta previa o cuando está contraindicado el embarazo vaginal por algún motivo
¿Qué riesgos puede conllevar esta maniobra?
Afortunadamente, es una técnica muy segura cuando está bien indicada y la realiza un profesional con experiencia. Lo más frecuente es que la mujer note molestias similares a las de un tacto vaginal algo más intenso y presente un pequeño manchado durante las horas siguientes. También pueden aparecer contracciones irregulares que finalmente no evolucionen hacia un parto establecido. Las complicaciones importantes son muy poco frecuentes. En ocasiones puede producirse una rotura accidental de la bolsa amniótica o desencadenarse el parto poco después de la maniobra. Los estudios realizados hasta la fecha no han demostrado que aumente el riesgo de infección materna o del recién nacido cuando se practica correctamente y en mujeres adecuadamente seleccionadas.
Una vez que se realiza, ¿en cuánto tiempo se puede desencadenar el parto?
No hay una respuesta única. Hay mujeres que comienzan el parto en las siguientes 24 o 48 horas, mientras que en otras pueden pasar varios días o incluso no producirse ningún cambio. Lo que sí sabemos es que la maniobra aumenta las posibilidades de que el parto comience espontáneamente durante la semana siguiente. Pero conviene insistir en una idea: ayuda al proceso natural, no lo garantiza.
¿Se puede llevar a cabo en todo tipo de partos o hay algunas situaciones que la contraindican?
No. Como cualquier procedimiento médico, tiene indicaciones y también contraindicaciones. No debe realizarse cuando existe placenta previa, vasa previa, un sangrado vaginal cuya causa no está aclarada, una infección genital activa o cualquier situación en la que el parto vaginal esté contraindicado. También hay embarazos de alto riesgo en los que será el obstetra quien valore si realmente está indicada.








