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Niño aprende a leer© Getty Images

Aprendizaje

Lectoescritura en niños con dificultades del lenguaje: ¿es más difícil que aprendan a leer o a escribir?

Una logopeda nos explica cómo favorecer el aprendizaje de la lectura y la escritura en estos niños


4 de abril de 2025 - 7:30 CEST

Si a un niño tiene problemas en el habla, ha tardado más en soltarse a decir sus primeras palabras, no las pronuncia correctamente o si tiene un trastorno del lenguaje, ¿tendrá más dificultades a la hora de aprender a leer y a escribir? Para dar respuesta a esta cuestión, hemos hablado con Ana María Martín Montero, logopeda especializada en Atención Temprana y miembro de la Comisión de Educación del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid (CPLCM). Lo primero que hemos de tener en cuenta, tal y como señala la especialista, es que el aprendizaje de la lectura, a diferencia del lenguaje oral, necesita de un aprendizaje explícito y sistematizado, es decir, que exista un proceso de aprendizaje (al menos en la mayoría de los casos, pues sí que hay un mínimo porcentaje de niños que aprender a leer solos).

Partiendo de esta premisa, “llega una etapa de desarrollo en la que los niños descubren que el lenguaje guarda relación con la escritura y que escribir consiste en transcribir el lenguaje hablado”, apunta la logopeda. Así, los problemas que presenten en la oralidad, en el lenguaje oral, se trasladarán al lenguaje escrito.

De este modo, los niños con problemas de lenguaje tendrán unas dificultades u otras en función del problema en cuestión que el niño presente. En este sentido, la logopeda indica tres situaciones diferentes:

  • Niños que presentan dificultades de habla con articulación imprecisa. Esta dificultad “repercutirá en el lenguaje escrito y en la lectura incorrecta, que a su vez incidirá en una comprensión escasa; esta circunstancia determinará el acceso limitado a la comprensión lectora”, señala la especialista. “Si existe una dificultad de habla con errores de articulación, el niño trasladará estos errores a la escritura”. Martín Montero pone como ejemplo que, si el niño quiere decir ‘loro’ y no articula el sonido /R/, por lo que lo transforma en “lodo”. En este caso, “la transcripción en la escritura será literal de la expresión hablada y trasladará a la escritura su lenguaje erróneo, lo que pasa de ser un error de habla a un error de escritura considerado como disortografía natural”.
  • Niños con un desarrollo de lenguaje más lento. Esta menor velocidad en el desarrollo del lenguaje “influirá en el tiempo de acceso al aprendizaje de la lectura y a la comprensión oral de los cuentos”.
  • Niños con una audición comprometida, independientemente de la causa que lo provoque. Esta menor audición “determinará una mala discriminación auditiva”, de manera que el niño tendrá menor capacidad para diferenciar palabras tan similares como ‘boca’ y ‘bota’ a la hora de leer y de escribir, así como para la integración en la memoria de la palabra en cuestión de manera correcta.
Niño repasa el alfabeto© Getty Images

¿Cómo ayudar a los niños con problemas en el lenguaje a aprender a leer y a escribir?

“Debemos entender que, cuando los niños llegan a las escuela, no son folios en blanco”, apunta de la Comisión de Educación del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid. “Ya traen un conocimiento adquirido por el simple hecho de estar en el mundo letrado y vivir en una entorno socio-familiar alfabetizado”.

¿Esto qué quiere decir? Pues que el entorno es un factor muy importante a la hora de favorecer el proceso de adquisición de la lectoescritura: que el padre y la madre sean ávidos lectores y un entorno social familiar alfabetizado, por ejemplo, favorecerán ese aprendizaje. “Como vemos en estas primeras etapas de aprendizaje, el habla no es determinante, aunque sí las experiencias”.

Leer es acceder al significado y cumple funciones más allá del aprendizaje de la escuela

Ana María Martín Montero, logopeda especializada en Atención Temprana

Además de ofrecer las suficientes experiencias y de procurar enriquecer el entorno del niño, ¿cómo podemos ayudarles a aprender a leer y a escribir si presentan problemas de lenguaje? Ana María Martín Montero da las siguientes pautas:

1. Tener en cuenta la relación entre el habla y la lectura. “Descubrir que la lectura se relaciona con el lenguaje hablado nos lleva a presentar un modelo de habla correcto en pronunciación, sin velocidad, y confirmando que el niño accede a la comprensión”.

2. Hablar de frente a nuestros hijos. Partiendo del punto anterior, hemos de prestar más atención a la manera en la que nos dirigimos a ellos: hay que hablarles de frente, “respetando los turnos de intervención y dando tiempo para que organicen el contenido”, recomienda la logopeda. Esto “permite no solo trabajar una escucha atenta, también ofrece un modelo de articulación correcta con apoyo en el sonido y en las praxias bucofaciales, es decir, de la forma en la que colocamos boca, dientes, lengua, y emitimos el sonido. Esta estrategia que solo implica modificar el estilo de nuestra comunicación adulta, como interlocutores sensibles, permite que el niño procese en imitación autocorrigiendo y reduciendo los errores espontáneos de habla”.

3. Si percibimos que el habla del niño presenta errores en la emisión-articulación de los sonidos fonológicos, consultar con un logopeda. Este profesional “determinará si estamos ante un habla inmadura o de evolución normal, y ayudará a descartar causas de tipo orgánico, como una alteración en audición o de órganos fonoarticulatorios”. También es necesaria una valoración que confirme o descarte la presencia de alteraciones orgánico funcionales generadoras de las dificultades articulatorias, como frenillo, paladar elevado, nasalización, etc.

4. Educar en una correcta higiene nasal. Es decir, enseñarles a respirar de manera adecuada por la nariz “para que los sonidos /m/, /n/ no se conviertan en /p/ o /d/”.

Presentar alteraciones del habla o del lenguaje, en sí mismo no será impedimento para aprender a leer; tal vez tarden más tiempo o permanezcan más tiempo en una etapa, pero con el apoyo necesario y adaptaciones del contexto, alcanzarán la capacidad de entender que las palabras poseen magia

Ana María Martín Montero, logopeda especializada en Atención Temprana

5. Dar acceso a los niños a todos los modelos posibles de escritura que aparecen a su alrededor para que entiendan que “leer es acceder al significado y cumple funciones más allá del aprendizaje de la escuela”, aconseja Martín Montero. Es decir, que vayan entendiendo que “leer nos sirve para: encontrar una calle, reconocer el etiquetado de un alimento, comparar los nombres de mis amigos (Julián/Julia, por ejemplo), reconocer cuáles son mis pertenencias en el cole, firmar mis trabajos, felicitar a quien quiero, etiquetar los envases de los alimentos para evitar abrirlos, saber cómo se lava una prenda…”. Para ello, la logropeda propone “ser generosos con nuestros hijos y hacer explícito el acto de la lectura: es decir, explicarles que estamos parados mirando algo fijamente porque estamos leyendo en voz baja para informarnos acerca de algo”.

6. Hacer lecturas compartidas. “Independiente del nivel de dominio de la lectura del niño realizar lectura compartida, leer cuentos a nuestros hijos, permitirá mantener vivo el placer de “leer por leer”, señala la especialista. “Este deseo de reproducir mundos imaginarios posibles mantendrá la motivación del niño en el proceso arduo, lento, sistemático y de largo recorrido, que implica el aprendizaje de la lectura”.

7. Proponer la escritura como juego. “Escribir será un juego, como el dominio del dibujo”, plantea la logopeda. “No hace falta corregir sus producciones escritas; estas evolucionarán según comprenda y asimile las reglas ortográficas y gramaticales que rigen la forma del lenguaje escrito”.

8. Reconocer sus méritos. “Mirar con ojos de sorpresa cada vez que nos explique que ‘aquí pone’, sin juzgar si faltan letras, pues, como en el desarrollo del dibujo, necesitaremos ensayar muchas veces para lograr producir una escritura convencional sin errores”. Y contribuir así, como subraya la experta, “a mantener la motivación es nuestra aportación como padres-madres”.

9. Ofrecer modelos globales de escritura que le interesen, “como son los nombres de familiares próximos, de sus amigos, etiquetar cajas de objetos que están guardados…”. Esto le permite adquirir patrones globales.

10. Mantener la forma de las letras en mayúsculas siempre que sea posible. “Cuando descubran la magia de la lectura realizarán el salto a las letras ligadas de manera natural”.

“Presentar alteraciones del habla o del lenguaje, en sí mismo no será impedimento para aprender a leer; tal vez tarden más tiempo o permanezcan más tiempo en una etapa, pero con el apoyo necesario y adaptaciones del contexto, alcanzarán la capacidad de entender que las palabras poseen magia y nos transportan a imagen mental, permitiendo ‘ver-imaginar’ lo que no está presente”.

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