Los bebés regurgitan a menudo los primeros meses de vida. Es lo que se conoce como reflujo o reflujo gastroeofágico (RGE) y es muy común que lo tengan después de cada toma de leche. También es habitual que, una vez que comienzan con la alimentación complementaria y que su sistema digestivo es más maduro, la regurgitación vaya desapareciendo. A priori no implica, por tanto, ninguna patología ni debe ser causa de preocupación.
Sin embargo, sí es importante estar pendiente y observar cómo es esa regurgitación, puesto que, en determinados casos, sí podría ser indicativo de un problema mayor. “Existen muchas patologías que pueden cursar o asociar vómitos: obstrucciones gastrointestinales (estenosis hipertrófica del píloro, malrotación intestinal, vólvulo….), alergias o intolerancias alimentarias, procesos infecciosos, alteraciones metabólicas o neurológicas, etc.”, indica la Dra. Dolores Gurrea, pediatra digestiva del Hospital Vithas Valencia 9 de Octubre.
Entre las patologías digestivas más comunes en bebés se encuentra el ERGE, siglas de enfermedad por reflujo gastroeofágico, que se da cuando el reflujo “causa signos o síntomas que provocan un deterioro del estado físico o de su calidad de vida”, como señala la Dra. Gurrea.
Si el RGE se mantiene en la edad preescolar o se manifiesta en niños mayores, puede persistir en el adulto hasta en un 50% de los casos
Por eso, para distinguir cuándo el reflujo se produce sin mayores consecuencias del ERGE. Para ello, debemos observar a nuestros bebé y cómo reacciona cuando regurgita. Así, por un lado está el “regurgitador feliz”, que es aquel que presenta regurgitaciones frecuentes sin otra sintomatología ni repercusión clínica acompañante, según indica la pediatra digestiva, y, por otro lado, está el paciente con ERGE. En este último caso presentará “llanto excesivo, irritabilidad, escasa ganancia ponderal, rechazo de tomas, movimientos de hiperextensión, tos persistente, estridor, laringitis de repetición…”.
Con la información extraída de esa observación, “El objetivo del pediatra es, mediante la historia clínica y la exploración física, descartar también otras patologías que pueden causar vómitos, basándose en la exclusión de signos de alarma tales como: aumento de la frecuencia y/o intensidad del reflujo, vómitos biliosos o proyectivos, pérdida ponderal, diarrea/estreñimiento, distensión abdominal, letargia, fiebre, etc.”.
En caso de que los síntomas sean persistentes o que cada sean tengan mayor intensidad, es fundamental consultar al pediatra. El profesional médico valorará si es preciso prescribir al bebé medicamentos para reducir la acidez del estómago o ajustar la dieta de la madre (en caso de bebés alimentados con leche materna) o cambiar de leche de fórmula si se sospecha de alergias o intolerancias.
¿Por qué regurgitan los bebés?
Entre las causas más comunes de la regurgitación en bebés se encuentran, según señala la Dra. Gurrea, el desarrollo inmaduro del sistema digestivo, ya que los músculos que controlan el paso del alimento aún no están completamente formados, o comer en exceso o muy rápido, lo que puede aumentar las probabilidades de regurgitación”.
¿Es posible aliviar o paliar la regurgitación del bebé?
“Lo más importante es tranquilizar e informar detalladamente a los padres sobre las características fisiológicas y benignas del proceso”, subraya la pediatra digestiva de Vithas Valencia 9 de Octubre.
En caso de que el RGE se intensifique o de que aparezcan signos o síntomas de ERGE, hay una serie de escalones para su tratamiento. Son, tal y como enumera la doctora, los siguientes:
1. Medidas higiénico dietéticas
- Evitar la sobrealimentación y mantener la lactancia materna a demanda en niños que toman el pecho
- En los bebés que no toman leche materna, “en algunos casos, pueden plantearse fórmulas comerciales antirregurgitación que contienen espesantes, aunque su eficacia es controvertida en la actualidad”, puntualiza la Dra. Dolores Gurrea. “Pueden ser útiles en casos seleccionados, en lactanctes sin ERGE”.
- Prueba terapéutica de exclusión de proteínas de leche de vaca (PLV) durante 2-4 semanas, en aquellos niños que no mejoran con las medidas anteriores.
2. Tratamiento postural
“En neonatos ingresados, la posición de decúbito prono o lateral izquierdo con monitorización ha demostrado efectos beneficiosos. Pero en domicilio, solo se recomienda esta posición si el niño está despierto o por encima del año de vida, ya que dichas medidas aumentan el riesgo de muerte súbita del lactante”, advierte. “Así pues, en lactantes, se desaconseja recurrir a medidas posturales”.
3. Tratamiento farmacológico
“Los fármacos antisecretores están considerados como tratamiento de primera linea en la ERGE. Su objetivo es reducir la acidez gástrica”. Sin embargo, la especialista advierte de que, en lactantes, está indicado únicamente si todo lo explicado hasta ahora no ha sido eficaz a la hora de controlar la sintomatología.
4. Tratamiento quirúrgico
Existe la posibilidad de realizar una intervención quirúrgica, si bien esta “se plantea solo ante ERGE grave y refractaria al tratamiento médico”.
“Además, es preferible alimentar al bebé con cantidades más pequeñas, pero más frecuentes, lo que ayuda a evitar que el estómago se sobrellene”, recomienda la Dra. Gurrea, que también aconseja “evitar ropa ajustada que presione el abdomen del bebé para minimizar la probabilidad de reflujo”. También puede resultar muy útil probar con biberones especiales para reducir el aire que el bebé traga, pues esto puede ayudar a disminuir la regurgitación.
¿A qué edad dejan los bebés de tener regurgitaciones?
Señalábamos al inicio de este artículo que, por lo general, las regurgitaciones van disminuyendo a medida que se va instaurando la alimentación complementaria, pero ¿es así en todos los casos? La pediatra disgestiva nos responde que el RGE es un proceso fisiológico que predomina en los lactantes de 1 a 4 meses que, efectivamente, sí que suele mejorar con la alimentación complementaria y tiende a resolverse de forma espontánea entre los 12 y 18 meses. Sin embargo, “en algunos casos puede prolongarse”, puntualiza. “Si el RGE se mantiene en la edad preescolar o se manifiesta en niños mayores, puede persistir en el adulto hasta en un 50% de los casos”.