Rosa Jové es psicóloga clínica especializada en infanto-juvenil y en psicopediatría. Es una gran conocedora del mundo infantil y eso la lleva a hacer análisis muy sustentados que pueden salirse de las tendencias sociales imperantes. Hace más de dos décadas ya lo hizo con el tema del sueño, cuando estaba de moda 'dejar llorar a los niños', promoviendo una mirada más respetuosa hacia las necesidades de descanso de los más pequeños. Y ahora vuelve a hacerlo en su nuevo libro.
Para ti que te gusta
Este contenido es exclusivo para la comunidad de lectores de ¡HOLA!
Para disfrutar de 8 contenidos gratis cada mes debes navegar registrado.
Este contenido es solo para suscriptores.
Suscríbete ahora para seguir leyendo.Este contenido es solo para suscriptores.
Suscríbete ahora para seguir leyendo.TIENES ACCESO A 8 CONTENIDOS DE
Recuerda navegar siempre con tu sesión iniciada.
En Niños atrapados por las pantallas (Ed. La esfera de los libros) reflexiona sobre la convivencia sana de los niños en el mundo digital, desmontando algunas ideas generalizadas y dando pautas para acompañar a los hijos en este mundo online en el que viven desde que nacieron. Hemos charlado con ella.
No se puede confundir la adicción a cosas que hacemos con el móvil (jugar, apostar, ver porno...) que sí son adictivas, con el móvil que es innocuo
Comienzas tu libro tranquilizando a los padres, pues afirmas que ni todas las pantallas son adictivas ni todos los niños se hacen adictos a ellas. ¿Estamos exagerando la dimensión de esta realidad?
Sí, se está exagerando la dimensión del problema. Seguramente nadie que nos lea conoce a nadie adicto al cine, y eso que el cine es una pantalla ¡y bien grande! Hay pantallas prácticamente inocuas como el cine, el home cinema, la tele, el navegador del coche... que puede que en el mundo haya alguien adicto, pero ni se conocen casos ni nos preocupan.
Lo único a lo que un chico puede hacerse adicto es a los videojuegos (tanto si se juegan con móvil, como con ordenador o videoconsola). Pero en ese caso apenas son el 2’9% de los adolescentes.
Otra cosa es el mal uso de internet (hacer bullying a un compañero, enviar fotos de contenido sexual, ver porno, insultar a otros chicos etc..) en donde las estadísticas suben al 13’9%. Pero en ambos casos, no es un hecho mayoritario, aunque debemos ocuparnos de estos casos e intentar que no sucedan.
Citas varias ideas muy compartidas socialmente sobre pantallas y niños. ¿Cuál crees que es la más importante a refutar?
La de que “el móvil es adictivo”. La Organización Mundial de la Salud solo ha reconocido la adicción a los videojuegos (sobre todo a los de apuestas), no existe la adicción como tal a los móviles; es como pensar que nos hacemos adictos al vaso, cuando en realidad nos hacemos adictos al alcohol que hay dentro; o que somos adictos a la cajetilla, cuando en realidad somos adictos a las sustancias del cigarrillo. Evidentemente no se puede confundir la adicción a cosas que hacemos con el móvil (jugar, apostar, ver porno..) que sí son adictivas, con el móvil que es innocuo.
Lo que sí existe, y es lo que ven los padres, es niños y jóvenes que hacen un abuso de las horas que están con el móvil. Tanto la Asociación Española de Pediatría como la Academia Americana de Pediatría indican claramente unas horas para cada edad y los padres hemos de velar porque no las superen. Si nadie pasa de un chupito al día de vino, es difícil desarrollar una adicción al alcohol.
La mayoría de los investigadores coinciden en afirmar que si algún chico se hace adicto a los videojuegos, apuestas, redes, etc... es porque hay otras patologías asociadas que estos chicos intentan 'anestesiar' con el móvil.
En cuanto a la corriente que pide prohibir los móviles hasta los 16 años, ¿cuáles es tu opinión?
No se trata de prohibir, sino de educar en su uso. Una de las cosas más peligrosas de uso diario, y que puede incluso matar, son los cuchillos. No se trata de prohibirlos hasta los 18 años, porque si un chico a los 18 años coge un cuchillo para cortar una manzana, sin haberlo hecho nunca, se va a llevar un dedo por delante. Lo que hacemos los padres es enseñar a nuestros hijos a manejar correctamente un cuchillo, incluso dándoles cuchillos de plástico mientras son muy pequeños.
Los padres que piensan que no hay que dar un móvil hasta los 16 años, es porque deben de pensar que a los 16 años tendrán una inspiración divina que les va a enseñar a utilizarlo correctamente. No, hay que educarles desde más jóvenes. Eso no quiere decir que deban tener móvil desde pequeños, pero en la adolescencia o preadolescencia, pueden empezar, con la debida educación de sus padres y controlando el tiempo por edad, tal y como indica la Asociación Española de Pediatría.
Según un estudio, retirar el móvil como castigo hace aumentar su uso un promedio de 0’36 horas más al día cuando lo recuperaban
Una reacción inmediata de los padres ante el posible abuso de las pantallas o ante un comportamiento no deseado suele ser retirar el móvil, ¿por qué no da buen resultado?
Una cosa es hacer una limitación del tiempo de uso del móvil en algunos momentos, y otra prohibirlos. Una cosa es regular su uso a las horas que los expertos consideran adecuadas, y otra retirar el móvil como castigo. En todos estos casos, lo primero resulta útil y lo segundo no.
El Dr. Nagata demostró en 2024 que el hecho de retirar el móvil como castigo hizo aumentar su uso un promedio de 0’36 horas más al día cuando lo recuperaban, y apenas lo reducía cuando no lo tenían, puesto que se conectaban con otros dispositivos tanto propios como de amigos.
En tu obra no solo hablas de niños sino también de padres. ¿Cómo se define el 'síndrome de los padres distraídos' y qué consecuencias tiene?
El síndrome de los padres distraídos se da cuando los padres, por el hecho de estar con el móvil, no atienden adecuadamente a sus hijos. Va más allá de un simple “mirar el móvil” mientras el niño juega en el parque; son padres que desatienden a sus hijos, no solo físicamente (olvidan hacer la comida, bañarles, o revisar los deberes...) sino que hay una desconexión emocional y eso afecta al desarrollo del niño que establece relaciones defectuosas con otros, y a los padres que, aparte de desarrollar un abuso del móvil, se pierden la infancia de sus hijos.
Afirmas que controlar las horas de uso otorga una falsa sensación de seguridad a los padres. ¿Cómo debería ser ese control para que fuese realmente efectivo?
Porque los padres creen que ya hacen lo suficiente, y se relajan y dejan de vigilar otros aspectos. El poner solamente un horario no evita todos los problemas; y si los padres ya creen que han hecho todo lo que debían, y no están atentos, sus hijos quedan desprotegidos. No hay que confiarse solo poniendo un horario.
Hablar con nuestros hijos, saber qué hacen con el móvil, poner controles parentales en algunos casos, conjuntamente con un horario adaptado a su edad, todo eso conforman soluciones más efectivas que la simple retirada del móvil.
¿Cuándo podemos hablar de un sobreúso del móvil en población infanto-juvenil?
En el momento en que los niños y jóvenes superan mucho las horas que marcan las directrices de la Academia Americana de Pediatría, podemos hablar de un sobreúso. ¿Por qué no he dicho "en cuanto superen las horas" y he dicho "en cuando superan "mucho" las horas"? Porque la misma Academia indica que no nos tenemos que preocupar por un rato más o menos de pantalla (las horas son aproximadas), sino que hay que preocuparse por lo que hacen durante esas horas.
Si un niño se pasa media hora más jugando al Tetris, no le va a pasar nada, pero solo que juegue 2 minutos a atropellar abuelas con un coche (si existe un juego que da puntos por eso), eso debe evitarse. Las horas las encontrarán los padres con facilidad en diversas webs, aunque vale la pena hacer caso a las entidades que tienen más seriedad, como la Asociación Española de Pediatría o la Academia Americana de Pediatría.
Muchos chicos enmascaran otros problemas utilizando mucho el móvil, que los calma y anestesia
Desde el punto de vista profesional, ¿cuáles son las terapias que dan mejor resultado cuando hay un consumo problemático de pantallas en niños?
En primer lugar, recalcar que es imprescindible realizar un buen diagnóstico porque hay manifestaciones que pueden parecer que son un consumo abusivo de las pantallas, cuando en realidad enmascaran una ansiedad o una depresión (por poner dos ejemplos) que los chicos “calman y anestesian” jugando o utilizando mucho el móvil. En estos casos, hay que tratar simultáneamente el problema subyacente y el uso excesivo del móvil. De hecho, muchas veces, solo tratando el problema psicológico, el consumo de móvil se reduce.
Si solo nos referimos a los problemas derivados del uso abusivo de pantallas, la mayoría de los profesionales utilizan terapias cognitivo-conductuales, terapias de modificación del comportamiento y técnicas de desensibilización y reprocesamiento.