En la adolescencia, la autopercepción y la autoestima son más vulnerables. De hecho, son cada vez los adolescentes, especialmente las chicas, interesadas en hacerse retoques e incluso, dispuestos a pasar por quirófano y someterse a una operación de cirugía estética. Las redes sociales y el mayor acceso a información son factores determinantes al respecto. “No obstante, no todos los que buscan información terminan operándose, y es fundamental ayudarles a diferenciar entre un deseo real de cambio y la influencia de una presión externa”, subraya el Dr. Alfonso Campos, otorrinolaringólogo especialista en rinoplastia ultrasónica (dralfonsocampos.es).
“La decisión de intervenir quirúrgicamente a un adolescente debe ser tomada con extrema cautela”, advierte el Dr. Alessandro Thione, especialista en cirugía plástica reconstructiva y estética (www.alessandrothione.es). Ambos especialistas coinciden en la necesidad de evaluar desde el punto de vista psicológico al menor de edad que acude a consulta con la intención de someterse a una intervención por un motivo exclusivamente estético.
El Dr. Thione nos cuenta el caso de María, nombre ficticio de una adolescente que acudió a su consulta con un cuadro depresivo severo, muy relacionado con una imagen corporal negativa de sí misma a causa de una insatisfacción con el desarrollo mamario. María iba acompañada por sus padres, que estaban muy preocupados y querían ayudar a su hija a superar esta situación.
El especialista debe valorar si la motivación del adolescente es genuina y bien fundamentada o si responde a influencias externas, inseguridades pasajeras o la presión social
En este caso, la evaluación que el Dr. Thione y su equipo realizaron a María no se centró exclusivamente en el análisis clínico y físico, sino que fue determinante también la opinión de un equipo de salud mental. La evaluación psicológica concluyó que la chica tenía la madurez emocional necesaria y, con el consentimiento informado de los padres, se optó por aprobar la cirugía y practicarle una mamoplastia de aumento.
“La intervención se realizó bajo rigurosos protocolos de seguridad y el resultado fue estéticamente óptimo. La paciente mostró una notable mejoría en su autopercepción y, junto al seguimiento psicológico, se observó una recuperación progresiva del cuadro depresivo”, nos cuenta el cirujano. El de María es un caso excepcional, si bien demuestra que “la cirugía estética, cuando se realiza con la correcta indicación y dentro de un abordaje multidisciplinar, puede contribuir a mejorar el bienestar emocional”.
Thione hace hincapié, eso sí, en que “la intervención quirúrgica no debe considerarse como un tratamiento primario para problemas psiquiátricos, sino como un componente complementario en casos muy específicos, siempre acompañado de un adecuado soporte psicológico y familiar”. Hay que tener muy en cuenta que “cada paciente es único y la decisión de intervenir debe fundamentarse en criterios éticos, clínicos y legales, priorizando siempre la seguridad y el bienestar integral del menor”.
“El especialista debe valorar si la motivación del adolescente es genuina y bien fundamentada o si responde a influencias externas, inseguridades pasajeras o la presión social”, añade el Dr. Campos. “En muchos casos, los jóvenes llegan con una visión distorsionada de su imagen, influenciada por comparaciones constantes en redes sociales”. Esto hace que el otorrino se encuentre con muchos jóvenes que acaban focalizando su malestar en su nariz cuando en realidad el problema es más profundo, según nos dice. “Por ello, es fundamental descartar la presencia de un trastorno dismórfico corporal, ya que en estos casos la cirugía no solucionaría su insatisfacción y podría incluso intensificarla”.
¿Pueden los adolescentes someterse a una cirugía estética?
La decisión de someter o no a un adolescente a una cirugía por motivos exclusivamente estéticos debe ser analizada minuciosamente, como señalábamos anteriormente. Por lo general, “es preferible esperar a que la madurez física se complete”, asegura el Dr. Thione. “Muchas estructuras faciales y corporales continúan desarrollándose hasta finales de la adolescencia, lo que podría influir en los resultados finales”.
La rinoplastia o cirugía para modificar la forma de la nariz es una de las intervenciones estética más demandadas por los adolescentes, junto a la optoplastia (para corregir orejas prominentes) y la revisión de cicatrices o corrección de asimetrías leves (que se producen, mayoritariamente, tras traumas o intervenciones previas que han dejado secuelas), según la experiencia clínica del Dr. Alessandro Thione.
Pues bien, en lo que a la rinoplastia se refiere, el Dr. Campos señala que esta puede tener un impacto positivo en la autoestima de los adolescentes, pero “en la mayoría de los casos es recomendable esperar a que el crecimiento facial haya finalizado” (en torno a los 16 o los 17 años en las chicas, y hasta los 18 en los chicos).
“Sin embargo, cuando existen problemas funcionales, como una desviación severa del tabique nasal o dificultades respiratorias significativas que afectan la calidad de vida, la cirugía puede considerarse antes”, añade el otorrino. “En estos casos, la decisión debe estar respaldada por un especialista que valore tanto la funcionalidad como la madurez emocional del paciente”.
¿Qué deben saber los adolescentes (y sus padres) antes de someterse a operaciones estéticas?
“Es fundamental una comunicación clara y honesta sobre varios aspectos clave”, nos dice, tajante, Alessandro Thione. Esos aspectos clave a tratar son los siguientes:
1. La naturaleza y la duración de la intervención
“Cada procedimiento tiene una técnica específica, duración variable (que puede ir desde una hora en intervenciones menores hasta varias horas en casos más complejos) y requiere de un proceso de recuperación”, explica el cirujano plástico.
“Es clave asegurarse de que el paciente comprende completamente en qué consiste la intervención, los cambios que experimentará tanto en su imagen como en el proceso de recuperación y los posibles ajustes que el rostro puede sufrir con el tiempo”, señala Alfonso Campos, quien detalla que, en el caso de la rinoplastia, la intervención suele durar entre dos y tres horas y el proceso de recuperación pasa por una leve hinchazón y congestión, especialmente en la primera semana. Además, si bien los cambios son visibles desde el primer mes, el resultado definitivo puede tardar hasta un año en apreciarse por completo.
De ahí que la rinoplastia sea “una cirugía que requiere una decisión meditada y expectativas realistas”, añade. “Gracias a los avances en técnicas quirúrgicas, la rinoplastia ultrasónica ha mejorado la precisión en la remodelación ósea, reduciendo el trauma en los tejidos y permitiendo una recuperación más rápida con menos inflamación y hematomas. Aun así, es fundamental comprender que la cirugía no es un procedimiento menor y que, como cualquier intervención, conlleva riesgos que deben ser considerados”.
La intervención quirúrgica no debe considerarse como un tratamiento primario para problemas psiquiátricos
2. Riesgos y complicaciones
“Aunque se minimizan con la técnica adecuada y el seguimiento postoperatorio, existen riesgos inherentes a toda cirugía, como infecciones, cicatrices, asimetrías o la necesidad de revisiones futuras”, advierte el Dr. Thione.
3. Impacto emocional y psicológico
El especialista en cirugía plástica reconstructiva y estética pone énfasis en que cambiar la apariencia puede tener efectos tanto positivos como, en algunos casos, generar incertidumbre. “Es indispensable contar con un adecuado apoyo psicológico antes y después del procedimiento”, señala.
4. Expectativas realistas
Thione nos habla de la necesidad de entender que la cirugía puede mejorar ciertos aspectos, pero que “no resolverá problemas emocionales o de autoconcepto si estos no se abordan de manera integral”.
5. La importancia del seguimiento y cuidados postoperatorios
Para una correcta recuperación, es imprescindible que el paciente cumpla con las indicaciones médicas y que asista a las revisiones y consultas de control.
En todo caso y aunque los padres estén de acuerdo en que se lleve a cabo la intervención quirúrgica, “desde la perspectiva del cirujano, operar a un menor de edad implica una responsabilidad adicional”, como subraya el Dr. Alessandro Thione. Así, además de realizar una evaluación exhaustiva desde el punto de vista físcio, psicológico y social y de valorar la madurez emocional del paciente, es preciso seguir los criterios éticos y legales sobre la cirugía en menores, “asegurando que la intervención se realice únicamente cuando existan indicaciones claras y beneficios que superen los riesgos”.
También habrá que planificar a largo plazo y “considerar cómo la intervención afectará el desarrollo del paciente”. Al respecto, el Dr. Alfonso Campos añade que la cirugía debe buscar resultados armónicos y naturales, que respeten la evolución del rostro y no sigan modas pasajeras. Y, por supuesto, “la comunicación con la familia es esencial para garantizar que la decisión se tome de manera consciente, sin presiones y con una visión realista de los beneficios y limitaciones del procedimiento”.