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Una de las propuestas de las que más disfrutan son las manualidades, sobre todo si las hacen junto a sus padres. No es necesario tener a mano un arsenal de materiales; la propia naturaleza brinda muchas posibilidades. Solo hay que estar atentos para descubrirlas y emplear toda la imaginación.
Ya se trate de piedras de río o de mar, siempre son muy buena opción para estimular la creatividad de los más pequeños. Si son lisas, tendrán más facilidades para pintarlas, si son rugosas o con aristas, podrán emplear la imaginación para sacarle partido a esas características.
Solo necesitarán pinceles y témperas o pintura de dedos y ¡a crear! Las posibilidades son infinitas.
¡Un palo! ¿Qué niño no disfruta con un palo, ya sea para construirse un juguete, para utilizarlo de espada, para tallarlo...?
La madera natural tiene infinidad de posibilidades, y si estáis por el campo o la montaña, mucho más. Buscad varios con distintos tamaños y anímalo a hacer una familia. Puede ser la vuestra u otra que se le ocurra. El resultado será muy divertido.
Durante el invierno os gustará recordar los buenos momentos de las vacaciones. Un modo de tener esos recuerdos siempre presente es fabricar un móvil para colgar en su habitación.
Podéis hacerlo con conchas, piñas, caracolas... y completarlo con figuras recortadas en cartulina que hagan referencia al lugar en el que hayáis estado.
Construir barquitos es un clásico en las manualidades infantiles. Si pasáis las vacaciones en el campo, hay un montón de materiales que brinda la naturaleza para hacer uno.
Se pueden usar bellotas, hojas, piñas, palos, y una nuez partida por la mitad para hacer un velero que puede ser un recuerdo entrañable de las vacaciones.
Los materiales naturales ofrecen muchas posibilidades, no solo al usarlos sino al combinarlos con otros elementos. Es el caso de la arcilla (o la plastilina). Si quieres un resultado duradero, usa arcilla y deja que tus hijos experimenten con las huellas que las piñas, las conchas o las caracolas dejan sobre ella.
Si no tienes arcilla, la plastilina también puede hacer esa función para que observen cómo van quedando grabadas las texturas de los distintos componentes.
En este caso se necesitan palos finos, alargados y resistentes. El objetivo es forrarlos con hilos de algodón de colores. Es una manera sencilla de permitirles expresar su creatividad y de fomentar la motricidad fina.
Pueden combinarse luego para crear otra manualidad o servir para un juego como el mikado. En él, cada participante coge un palo sin ver la dimensión de este. Gana el que haya elegido el más largo.
El desafío consiste en buscar ramitas pequeñas de distintos árboles, arbustos o plantas, unirlas y utilizarlas de brocha o pincel.
Hay que sumergirlas en pintura y aplicarlas luego en un papel o cartulina, sin ninguna norma, dejando libertad absoluta. El resultado puede ser muy bello y sorprendente.
Esta manualidad puede hacerse de dos formas: o bien pidiendo que el niño reproduzca un animal con algunas piedras que haya cogido. O bien animándolo a que invente uno que no existe y luego cuente sus características y le ponga nombre.
El niño será consciente de que con su imaginación puede llegar a cualquier parte.