Decidir la fecha y localización es el primer paso para organizar una boda. En la elección intervienen numerosos factores: la disponibilidad de los novios, las facilidades que ofrezca el enclave, la época del año con la que se sientan más cómodos y, en ocasiones, la situación de seres muy queridos para la pareja. Este detalle fue determinante para Sonia, una de esas novias con un look de éxito, que hoy nos cuenta su historia. “Cuando nos prometimos queríamos casarnos en la fecha más próxima, ya que teníamos muy claro que queríamos que nuestras abuelas y familiares pudieran asistir”, recuerda. Y ese gran día fue el 4 de septiembre de 2021: “nos encantó, ya que era final de verano, no haría muchísimo calor y los invitados tendrían más disponibilidad”.
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Una boda con historia
Nuestra protagonista y su ya marido, Alejandro, se decidieron a celebrar un enlace diferente en Castell d’Aro, un pequeño pueblo medieval de Gerona. “Ahí, cada Navidad se celebra el Pesebre Viviente. Además, muchos de mis antepasados también se casaron en esa iglesia y yo quería ser la siguiente de la familia en casarme en ese templo, tras cien años”, nos explica. Su ceremonia religiosa tuvo lugar en Santa María de Castell d’Aro y la celebración en el Castell de Sant Gregori: “es una masía catalana fortificada cerca de Girona. Es un sueño de sitio, en medio de la Vall del Llémena, con un encanto particular”.
Quién iba a decir a esta pareja que se conoció en la adolescencia que se encontraría para darse el ‘sí, quiero’ 12 años después. “Yo soy de Sant Feliu de Guíxols, en la Costa Brava y él es de Ourense. Tenemos 30 y 31 años. Nos conocimos en 2009 en una excursión del instituto a Barcelona, donde Alejandro vivía y ahí ya nos gustamos de inmediato. No fue hasta un año después, en Londres, cuando empezamos a salir”. Ya en julio de 2020, Alejandro pidió matrimonio a Sonia al terminar una cena por su aniversario: “después de la cena fuimos en el mirador donde se bautizó la Costa Brava con ese nombre y fue allí donde me pidió matrimonio”.
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En clave minimalista
En aquel verano de 2020, Sonia se puso en marcha para idear los preparativos de su ‘sí, quiero’ y no dejó atrás el detalle más especial: su vestido de novia. “Para el vestido de novia visité siete tiendas y ateliers hasta que encontré a Santos Costura. Tenía muy claro que quería un vestido muy sencillo con una sobrecapa con los pliegues característicos de los vestidos del s. XVIII”, apunta. Después de visitar aquellos siete espacios, se topó con el trabajo de Santos Costura y fue entonces cuando se sintió ‘en casa’. Para ella ideó un diseño desmontable, con un top con capa que se retiraba y dejaba al descubierto un vestido con escote en la espalda.
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“Para mí es el mejor diseñador de vestidos, el trato, la personalización, la calidad; todo en él es excepcional. Su saber hacer, su profesionalidad y confianza... No tuve ninguna duda que me haría el vestido de mis sueños”, señala al mismo tiempo que reconoce recomendar su trabajo a todas sus amigas. El look no estaba completo sin dos tocados de plumas, uno para el día y otro para la noche, al más puro estilo Sofía Palazuelo: “en las últimas pruebas fui a Moncollier donde encargué dos complementos en pluma”.
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Belleza clásica
En línea con su vestido, minimalista, Sonia confió en una propuesta de belleza clásica, con la que estaba muy cómoda y favorecida. “Desde el principio sabía con certeza que llevaría el pelo recogido en un moño muy sencillo de estilo bailarina para que la capa se viera bien y además pudiera llevar un pequeño detalle. Susanna de Salon Toro fue quien me peinó y Bea quien me maquilló. Tanto para el pelo como para el maquillaje quería algo muy natural que me hiciera sentir guapa pero que siguiera viéndome yo”, reconoce.
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Flores ‘lady’
Su ramo de novia era el complemento que servía de guinda del pastel para un estilismo inolvidable. Sonia buscaba algo discreto, limpio, bonito y con gran significado y en la combinación del blanco y el verde lo encontró. “Estaba compuesto de eucalipto, rosa blanca inglesa, brunia y lo unía una cinta hecha de un trozo que aún conservaba del vestido de novia de mi abuela”, indica. Pero este no fue el único ramo con protagonismo en su gran día, también hubo uno en homenaje a su madre: “pedí una recreación del ramo de novia de mi madre, ya difunta, para tenerla presente – aún más si cabe – en ese día”.
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Celebración de ensueño
El ramo fue uno de los muchos detalles de un día apasionante. Sonia y Alejandro no contaron con wedding planner para organizar su gran día, pero sí con el apoyo de algunos profesionales: "Xevi y Adriana del Castell de Sant Gregori fueron quienes se encargaron de organizar los tempos y a todos los proveedores. ¡Sin ellos hubiera sido imposible!”. Si bien la incertidumbre hizo su aparición en algunas ocasiones durante los preparativos, la ilusión y la felicidad se impusieron en este bonito proceso.
La decoración de los diferentes escenarios también fue obra de los propios novios, que dieron en el clavo desde el primer momento. “Al ser nosotros mismos nuestra wedding planner miramos miles y miles de fotos de inspiración en redes sociales. Después de mirar tantas fotos quisimos una decoración sencilla, clásica y atemporal. Para mí, era muy importante que la iglesia estuviera muy bien decorada. En la fachada de la iglesia se colgaron cuatro guirnaldas hechas de diferentes tipos de eucalipto, paniculata y esparraguera. En el pasillo, las mismas flores lo recorrían. El lugar de la celebración se decoró también con hojas de eucalipto, paniculata, rosa blanca ramificada y rosa inglesa blanca”, describe.
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Esa creatividad y el propio sello de los novios estuvo presente durante todo el enlace. Echando la vista atrás Sonia se queda con un recuerdo imborrable de aquel 4 de septiembre: “lo más especial fue la ilusión que tenía todo el mundo; familiares, amigos… Sobre todo, poder reunir a todas las personas que no habíamos podido ver durante meses”. Son escenas que se quedarán en su corazón, porque la magia de las bodas no solo llena a sus protagonistas, sino a todos aquellos seres queridos que les acompañan en una jornada tan emocionante.