Guillermo Alejandro y Máxima de los Países Bajos culminaron su primera jornada de visita de Estado a Kenia con un maravilloso banquete ofrecido en su honor por el presidente William Ruto y la primera dama Rachel Ruto. En su llegada a la Casa de Estado, ubicada en Nairobi, la realeza neerlandesa llevó a cabo un despliegue de elegancia, encabezado por su Reina, quien recuperó uno de sus looks de gala más aclamados con una tiara que no esperábamos ver.
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La elegancia de la reina Máxima en el primer día de su viaje a Kenia
Los reyes de Países Bajos aterrizaron en Nairobi el pasado lunes por la noche y, en su primer día de actividades, participaron en una ceremonia de bienvenida, tras la cual charlaron con el mandatario keniano, y hasta sembraron un árbol en el bosque de Thogoto antes de reunirse con un grupo de jóvenes para conocer sus preocupaciones en lo que a derechos humanos respecta. La adición de este penúltimo compromiso a su agenda del martes se debe a una serie de protestas civiles que, en 2024, obligaron al matrimonio real a posponer su viaje hasta marzo de 2025.
Para los mencionados compromisos, vistió un estilismo color rojo, cuyo protagonista era un vestido midi, de Natan Couture, con pliegue en el escote, efecto capa, falda evasé y ramos de plumas en degradado bordados a la parte delantera. Lo acompañó con una pamela ladeada de ala ancha, de Fabienne Delevigne; los salones Plexi, de Gianvito Rossi, realizados en ante y PVC; pendientes con forma de flor, de la madrileña Luz Camino, y unos guantes cortos de piel.
Un conjunto de gala con encaje y lentejuelas
Máxima no se cambió de look sino hasta la noche, de cara a la gala. En el banquete, brilló con un top de cuello redondo y mangas largas en seda azul con sutiles efectos de canalé escalonados y una falda larga en satén de seda dorado, del danés Claes Iversen, que se adorna con encaje de guipur azul medianoche y pequeñas lentejuelas. Ya habíamos visto previamente este tándem en la apertura de las Cámaras del Parlamento, en 2016, pero no por ello el atuendo está exento de anécdotas.
Sabemos que, en realidad, si bien Máxima tiene una variedad de tops con los que puede combinar la falda larga, en su momento adquirió las dos prendas originales que conforman el conjunto de Claes Iversen. Quedó comprobado en 2017, durante las celebraciones de los 80 cumpleaños del rey Harald y la reina Sonia de Noruega. Allí, la reina neerlandesa estrenó esta glamurosa combinación de azul y dorado, la cual repetiría en 2023, con motivo de una cena con el cuerpo diplomático que tuvo lugar en el Palacio Real de Ámsterdam.
La tiara de zafiros
Siguiendo las normas no escritas de la moda, Máxima se ha decantado por las joyas de diamantes y zafiros de los Orange, las cuales encajan a la perfección con el look por su profundo tono de azul. Debemos recordar que estas son piezas muy queridas por la argentina y que algunas de ellas, incluso, tomaron parte en su coronación como reina consorte de Países Bajos.
Esta tiara es de reciente creación, aunque sus gemas proceden de antiguas joyas de los Orange, principalmente del collar de zafiros de la reina Emma que diseñó Mellerio en 1880, por encargo de su marido, el rey Guillermo. La tiara cuenta con una base de 11 zafiros en gradación de tamaño, que también puede ser usada como collar, como hizo en su tiempo la reina Juliana, y está rematada por cinco zafiros ribeteados de brillantes del aderezo que la reina Guillermina recibió de su país como regalo de bodas.
La nueva tiara, resultado de la combinación de las dos alhajas, hizo su debut sobre la cabeza de Máxima en el banquete por el 70 cumpleaños de la reina Margarita de Dinamarca, en 2013, y aquel día también la combinó con los pendientes de ocho y el brazalete que pertenecen al mismo ajuar decimonónico de zafiros y diamantes.
El broche antiguo que Máxima lleva a su manera
Llamó especial atención este martes por la noche, no obstante, su singular broche de lazo con un gran zafiro rectangular de Ceilán en su centro, rodeado de diamantes. Hablamos de una pieza fabricada alrededor de 1900 para la reina Guillermina, quien la llevaba siempre sobre el escote, mientras que la actual reina de Países Bajos adora prenderla a sus vestidos a la altura del abdomen, como si de la hebilla de un cinturón se tratase.