Cuando Javier Sánchez Medina jugaba cerca de su abuelo en su casa familiar de Badajoz, lo veía fabricar asientos de sillas con enea y persianas con esparto para mantener la casa fresca. Ahí surgió la vocación de este artista autodidacta, que estaba opositando para bombero y trabajando en un gimnasio cuando emprendió su camino en la artesanía. “Por circunstancias familiares no pude estudiar Bellas Artes y empecé a viajar y a conocer a otras personas que se dedicaban al mundo del arte. Siempre te dicen que tienes que hacer una carrera o una oposición para tener un futuro. Pero yo pensé, ‘¿por qué yo no?’”.
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“El primer trofeo de fibra fue un toro, que define a Extremadura y nuestra identidad española. Puedes tener un animal sin hacerle daño”
Así empezó a hacer espejos de fibra natural, el material que había visto a su abuelo. “Después vinieron las cabezas de animales. La primera fue un toro, que define a Extremadura y nuestra identidad española. Me gusta llamarlos trofeos ecológicos porque puedes tener un animal sin hacerle daño”, cuenta. “Las primeras piezas las hice en casa, las puse en Instagram y empezaron los pedidos. La idea de los trofeos ecológicos funcionó, se fijó en ellos un interiorista americano y tuvo mucha repercusión en EE. UU.”, relata Sánchez Medina. “Deseo que mis piezas sean accesibles a todos. Desde un estudiante a una persona con posibilidades”, concluye el artista.