Tiempo atrás un cortijo de labor malagueño dedicado al olivar, La Casería del Conde se convirtió, a lo largo del siglo pasado, en lugar habitual de reuniones, tertulias y buena mesa. El mérito fue del matrimonio propietario, el poeta José Antonio Muñoz Rojas, quien disfrutaba enormemente de reunir a amigos y grandes personalidades de la cultura de la época en torno a las mesas que organizaba su esposa, y esta, una mujer divertida, imaginativa y con una extraordinaria mano para la cocina, de nombre Marilú; ambos crearon un hogar cálido y lleno de personalidad, rodeado del maravilloso jardín que tanto disfrutaron sus nietas, Isabel y Clara Muñoz-Rojas, durante su infancia. “Nuestros abuelos formaban un gran dúo anfitrión; todos queríamos pasar aquí nuestras vacaciones”, cuenta Isabel, a la que los recuerdos se le amontonan. “La alberca fría en verano, el olor a higuera, huerto y jazmín, los collares que hacíamos con flores de Don Pedro de Noche, el sonido de las chicharras, lo heladas que estaban las camas en invierno, el chorizo frito y los picatostes recién hechos para desayunar. Y, siempre, las comidas que organizaba mi abuela Marilú con Cecilia, nuestra maravillosa casera”.
“El resultado de la reforma fue un gran salón con varios espacios. Lo pasamos muy bien soñando, encajando muebles existentes y de chamarilero en chamarilero buscando tesoros...” Isabel
Son sus nietas, precisamente, arquitecta la primera y paisajista la segunda, las responsables de haber preservado el legado de esta casa, obra de toda una vida. Tanto el interior como el jardín están repletos de detalles que se mantienen tal y como estaban cuando sus abuelos vivían; pero también ha habido espacio para una pequeña reforma que Isabel llevó a cabo junto al padre de ambas.
Isabel cuenta con un estudio con sedes en Madrid y Sevilla -PGMR Estudio- especializado en viviendas en el campo y comprometido con lo local y los oficios artesanos. Y fue precisamente su interés por adaptar las arquitecturas vernáculas de cada lugar a los nuevos tiempos el motor de esta reforma que se centró en crear un gran espacio que acogiera los muchos libros y muebles que ya tenían; un lugar en el que reunirse. “El resultado fue un gran salón con varios espacios, abierto a ambas fachadas y favoreciendo el soleamiento y la ventilación; con una pequeña cocina a un lado y una salita donde sentarse alrededor de la chimenea al otro. Mi padre quería tener un rincón donde albergar su biblioteca y el archivo familiar. Era muy aficionado a la cerámica y tiene una buena colección de lebrillos y de jarras. Y por parte de nuestra madre teníamos también muebles con cierta importancia de los que queríamos disfrutar -cuenta Isabel-. Lo pasamos muy bien soñando con los espacios, encajando muebles existentes, y de chamarilero en chamarilero buscando tesoros...”.
“Lo de recibir en casa nos sale muy natural; no nos produce ningún agobio organizar una comida de veinte o treinta personas de la noche a la mañana” Clara
El jardín, por su parte, es el marco idóneo con el que poner en valor la reforma del interior; el mejor de los escenarios. Un vergel en un campo de olivos, protegido por una tapia encalada, en el que hay sitio para una huerta de flor que abastece todos los jarrones de la casa de nardos, rosas, narcisos, iris y azucenas; una huerta con un gran campo de alcachofas rodeado de higueras y granados y con cuya producción de alcachofas se hacen conservas para todo el año, y un área de jardín en la que la hora de la merienda, con limonada y bizcochos, y la zona del bádminton, donde se jugaban grandes torneos en la tardes de verano, son toda una institución.
El jardín fue diseñado por sus abuelos y quedó a cargo de su padre cuando estos faltaron, pero ahora es Clara la responsable del mantenimiento del mismo; una labor gratificante para quien lleva la tierra inoculada en sangre desde niña. Paisajista por vocación y profesión, posee una gran conciencia medioambiental, heredada de su padre, que ha trasladado al estudio de paisajismo Rent a Garden que tiene junto a su socia Belén Moreu y que se dedica a la jardinería sostenible. Entre sus muchos proyectos, desde los jardines de la granja ecológica Dehesa El Milagro hasta una escuela pública en Arjona, Jaén, y cuyo objetivo es sacar las aulas al aire libre, se encuentra el mantenimiento de este jardín familiar. “Es un orgullo y una suerte. He aprendido muchísimo a lo largo de mi vida junto a mi padre y mis abuelos -cuenta-. Se puede ver en sus trazados y plantaciones las ideas que tuvieron. Si pienso en sus personalidades, puedo ver qué era de mis abuelos y qué de mi padre”.
“En los trazados y plantaciones del jardín se pueden ver las ideas de mis abuelos y mi padre. Si pienso en sus personalidades, puedo ver qué era de cada uno” Clara
De entre sus muchas pasiones, recibir en casa es una compartida. Ambas han heredado la buena mano de su abuela al cocinar y, tal como bromea Clara, les sale muy natural. “No nos produce ningún agobio organizar una comida de 20 o 30 personas de la noche a la mañana”. Pero ascender hasta la Camorra, el monte perteneciente a la finca, es sin duda otra de ellas. “Desde allí se divisan cuatro de las provincias andaluzas. Nos encanta levantarnos temprano y dar un paseo hasta allí para ver salir el sol”.
Claves para la perfecta casa de campo
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