Cuando Nigma Taib, una naturópata y dermatóloga británica publicó Reverse the sings of ageging, un libro en el que hablaba, entre otras cosas de que la mala absorción o intolerancia a algunos alimentos podía reflejarse en la piel, se desataron las alarmas. Era una afirmación sin demasiada base científica que sugería evitar algunos alimentos si tenías granitos o rojeces en determinadas zonas del rostro. Aunque aquello se desmintió por varios expertos que aseguraron que para diagnosticar una intolerancia no bastaba con un signo en la piel, lo cierto es que existe una fuerte relación entre su buen aspecto y una correcta alimentación.
Tal y como te contamos en H!FASHION existe una dieta para melena bonitas y fuertes, y con la piel sucede exactamente lo mismo. La Dra.Paloma Cornejo, miembro de la Asociación Española de Dermatología y Venereología (AEDV) lo confirmaba en un comunicado indicando que el cuidado diario de la piel debe responder “a tres pilares básicos: la hidratación, ingerir alimentos saludables y tener una eliminación correcta de las toxinas”. Si no es más que probable que empecemos a ver en nuestra piel algunos signos de alarma.
- Manchas en la piel
Si sigues una dieta con alto contenido de proteínas y, tras varios meses consumiendo este tipo de alimentos, has empezado a notar que aparecían pequeñas manchas en tu piel, quizá es mejor que cambies tus hábitos. Según explican científicos australianos, podría existir una relación entre el consumo excesivo de proteínas y esta pigmentación. Para que nuestra piel tenga un tono saludable necesitamos incorporar a nuestra dieta nutrientes que ayuden a frenar la oxidación de la piel. Estos antioxidantes suelen encontrarse en las frutas y verduras por tanto, si reducimos su cantidad, estaremos perdiendo buena parte de sus beneficios.
- Aparición de rojeces
Aunque algunas están causadas por un factor genético, el café o té, las bebidas calientes en general, el alcohol y el picante pueden provocar que tu piel adquiera un tono rosado, sobre todo en determinadas zonas, como las mejillas. Esto se debe a que aceleran la microcirculación sanguínea de la piel algo que, en pieles finas y blancas, se traduce en manchas rojizas. Para evitarlo, algunos dermatólogos recomiendan evitar estos productos y aumentar el consumo de alimentos como el ajo, la zanahoria y el aceite de oliva, sin olvidar las frutas y el resto de productos ricos en antioxidantes.
- Pérdida de elasticidad
Según un estudio realizado por el Centro Médico de la Universidad de Leiden, en los Países Bajos, hay una relación entre el envejecimiento prematuro de la piel y el consumo de azúcares y carbohidratos con alto índice glucémico. Cuando los niveles de azúcar en la sangre experimentan contantemente picos de altura -a veces demasiado altos y otras muy bajos-, las moléculas de azúcar se unen de manera permanente a las proteínas, incluido el colágeno en la piel en un proceso llamado glicación. ¿El resultado? Una piel cada vez más dura, poco elástica, y con tendencia a la formación de arrugas.
- Brotes de acné
El chocolate y los lácteos se ligaron, hace años, con la aparición de espinillas. Varios estudios después, los expertos han determinado que no se relacionan con este tipo de imperfecciones, sino con la aparición de brotes de acné. Eso es lo que ratificó un estudio elaborado por el departamento de nutrición de la Universidad de Harvard. Lo más curioso de este estudio es que, en contra de lo que podría parecer, es la lecha desnatada la que más casos provoca, por lo que la relación entre la aparición de granitos y el consumo de grasa podría descartarse. Otros expertos indicaron que esto podría deberse a que la leche, sobre todo la desnatada, contiene sustancias que influencian a las hormonas y, en cantidad suficiente, podrían provocar una alteración. Por eso se recomienda un consumo moderado.
Para evitar este tipo de problemas, la Dra. Cornejo aconseja una dieta rica en vitaminas -sobre todo de los grupos B, A, C y E-, minerales como el selenio, un fuerte antioxidante que se encuentra en carnes, pescados o huevos, y ácidos grasos esenciales como el Omega 3, presente sobre todo en el pescado azul.