Si algo transmite Nina cuando tienes la ocasión de hablar con ella es que está en el mejor momento de su vida. A sus 58 años se siente segura, confiada. Hemos hablado con la conocida actriz y cantante con motivo del lanzamiento de su libro Menopausia, publicado por Destino. Más de 200 páginas en las que la que fuera directora de la Academia de Operación Triunfo habla en primera persona de esta etapa que todas, sin excepción, debemos afrontar. Un libro que arranca con una conversación entrañable de Nina -que también es logopeda y profesora de Pilates- con su madre y su tía. Anna y Pepi, de 87 y 90 años. Tres mujeres de diferente generación hablando sobre la menopausia.
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No es el primer rostro conocido que habla sin tapujos de la menopausia. Ya lo hizo previamente la estrella de Hollywood Naomi Watts, quien narraba en primera persona su experiencia con la menopausia precoz en su libro Me atrevo a contarlo. Parece que las mujeres se han decidido, por fin, a hablar dejando atrás los tabús sobre este momento repleto de cambios.
¿Qué te llevó a escribir el libro, a compartir tu experiencia?
La verdad es que vi una posibilidad en ese encargo de hablar de mí, de mi propia experiencia y de lo mucho que me ha servido haberme cuidado a lo largo de todos estos años. No porque yo sea muy constante y sea un ejemplo de nada, sino porque mi oficio es muy exigente y así me lo ha requerido. Entonces vi una oportunidad muy interesante de poder explicar a través de mi oficio y de la voz cómo me cuidado y cómo lo lo he hecho, sin pretender ser ningún ejemplo de nada, por supuesto.
¿Piensas que la menopausia sigue siendo una etapa que sigue estando muy rodeada de tabús para muchas mujeres?
La asociamos al declive, al envejecimiento. Y sin embargo, curiosamente no la asociamos a una parte muy luminosa, o por lo menos yo la siento así. Y la he vivido también así en muchas mujeres que yo, como profesora de Pilates en mi centro y también como logopeda, he podido tratar. Es el momento en el que, sí o sí, la mujer coge las riendas de su salud y de su cuerpo, y eso ya de por sí es muy luminoso. Pero además yo creo que en esos años de la vida en que acumulas experiencia, conocimiento, trayectoria, dejas de cuidar a los demás y te cuidas a ti.
Nadie quiere envejecer, nadie quiere hacerse mayor, nadie quiere mirarse en el espejo y ver día a día como vas diciendo adiós a la persona que fuiste y tienes que decir hola a la persona que eres ahora
Sí que es cierto que se habla siempre de la menopausia en términos negativos o que directamente no se habla de ella...
Mira, escribiendo el libro hice una estrategia de búsqueda de datos de literatura científica y me di cuenta de que hasta hace dos décadas y media, tres décadas, no se ha empezado a hacer investigación sobre la menopausia. Está claro que si el hombre sufriera la menopausia y padeciera las alteraciones y todo el repertorio de síntomas y de alertas que nos envía el cuerpo, pues probablemente el hombre hubiera dedicado esfuerzos a la investigación en la menopausia. Habría mil estudios y también habría más minutos de radio, de prensa escrita y de televisión hablando sobre ello. Eso sucede cuando hay una mujer delante del micrófono o presentando un programa, porque ahí surge el interés.
Por otra parte, es lógico porque hablamos de lo que nos afecta y bien que hacemos. Lo que pasa es que el hombre también haría bien en instruirse, en leer y en conocer, aunque fuera para acompañar a su pareja en ese camino que no es fácil.
Sin embargo, cada vez se habla más de esa etapa en la vida de la mujer, cada vez tenemos más información, ¿estamos viviendo un cambio de paradigma?
Probablemente todo está vinculado, o íntimamente asociado, al hecho de hacerse mayor. Nadie quiere envejecer, nadie quiere hacerse mayor, nadie quiere mirarse en el espejo y ver día a día como vas diciendo adiós a la persona que fuiste y tienes que decir hola a la persona que eres ahora, con tus arrugas, con tus canas, con tus manchas, con tu cuerpo de ahora. Y supongo que es eso en cierto modo lo que hace que no hablemos de esta etapa, que por otro lado es absurdo, porque solo el conocimiento de lo que debemos hacer para llegar a la menopausia con tranquilidad mental y con buena forma física, -y en ese sentido es lo que pretendo con este libro-, nos va a salvar de lo que representa pasar por ese tsunami hormonal. Pero si no hay una patología de base, si seguimos una buena alimentación y hacemos ejercicio, no hay nada que no se pueda combatir de todos los efectos que padecemos por culpa de la menopausia.
En la portada del libro defines, de hecho, esta etapa como los mejores años de tu vida. ¿Realmente crees que lo son?
Yo lo siento así. Yo no volvería atrás ni por todo el oro del mundo. Porque la claridad de ideas, la quietud, la calma de espíritu, esa sensación de que realmente ahora hago lo que quiero te la da la edad. Y por supuesto, la menopausia va a asociada a este ciclo vital de la persona, de la mujer. Pero sobre todo, la razón de ser de ese subtítulo es porque lo he vivido en muchas mujeres a las que he tratado. La razón de ese título es porque es el momento en que tú coges las riendas de tu salud. Es el momento en que te ocupas de lo más importante de tu vida: tu cuerpo. Comemos fatal, comemos mucho, comemos procesado, tiramos alimentos, no nos alimentamos bien en general y hacemos poco ejercicio físico, o lo hacemos con la finalidad de estar delgados. Y no, hay que hacer ejercicio físico porque el cuerpo no está hecho para estar tumbado en un sofá o sentado ocho horas en una silla. El cuerpo está hecho para moverse.
Es el momento en que te ocupas de lo más importante de tu vida: tu cuerpo
Y el libro, Nina, como no podía ser de otra manera, está dedicado a tres mujeres fuertes y sensibles.
Sí, a mi abuela Catalina, mi madre Ana y a mi tía Pepita. Son tres fuentes de inspiración. Son mujeres fuertes, sensibles. De hecho, el libro empieza con una conversación muy tierna con mi tía y con mi madre en las que le les pregunto cómo vivieron la menopausia. Y mi madre me responde lo que yo ya sabía que me iba a responder. Me dijo 'Hija, pues no sé, normal, normal'.
Es una frase que se repite, ‘la viví normal’. Es exactamente lo que mi madre me dijo a mí. ¿Piensa que las mujeres normalizaban los problemas asociados a esa etapa, creían que era ‘lo normal’?
Sí que es cierto que no tenían información, tampoco sabían lo que les iba a suceder. Pero te diré que las mujeres de hoy tampoco saben lo que les va a suceder ni quieren saberlo. Yo he hecho un pequeño trabajo de campo y he lanzado otra pregunta a otro grupo de mujeres entre 18 y 40 años que aún no tienen la menopausia. Y les he preguntado ¿qué sabes de la menopausia? Y la respuesta común ha sido 'No sé nada. Ahora mismo no me interesa. En cuanto me vea en ello, pues ya me pondré, ya me informaré'.
Entonces yo creo que nuestras abuelas y madres lo vivían con naturalidad y con aceptación, porque vivían con naturalidad y aceptación el paso de los años y el envejecimiento. Y nosotras vivimos en un contexto social radicalmente distinto, donde hay una presión por la imagen muy cruda y ese envejecer y ese pasar los años se nos hace notar mucho más, especialmente a las mujeres.
Apuntas también en el libro que nunca he sentido la menopausia como el apocalipsis. ¿Eso te ha ayudado a afrontar mejor esta etapa?
Exacto. Para mí no se terminó nada. De hecho, yo tuve lo que se considera una menopausia precoz a los 44 años. A raíz de dos intervenciones quirúrgicas y, de hecho, no pasé por la perimenopausia o climaterio, que es una etapa importantísima, porque es la etapa de adaptación, en la que aparecen los primeros síntomas, algunos que fastidian mucho. Pero en realidad es una etapa muy importante, que llega a cubrir hasta 12 años de tu vida en los que te vas aclimatando. Entonces yo esa esa etapa no la viví. Pasé directamente al segundo acto de la función, entré directamente en la menopausia.
De todos modos, no lo viví como nada traumático ni como el fin de nada, porque lo único que a mí realmente me importaba en ese momento era recuperar mi pared abdominal e incorporarme a la gira de Mamma Mía. Llegar a la menopausia en ese momento me preocupaba bien poco. Quizá ese momento llegó luego al cabo de unos meses, el día que me levanté y me miré en el espejo y me pregunté '¿Y tú quién eres?’ Porque realmente sí que sobrevino un envejecimiento como de la noche a la mañana. Un cambio muy radical en tu faz, en tu cara.
Yo no pasé por la perimenopausia. Pasé directamente al segundo acto de la función, entré directamente en la menopausia
¿Ese mirarse al espejo fue quizá el momento más complicado después?
Sí, yo creo que sí. Porque no fue progresivo. Fue abrupto. ¿Quién no querría un tiempo de descuento? Para ir aclimatándose a esa nueva situación, para ir aceptándola. Porque todo aquello que nos viene de golpe en la vida, tardamos más en digerirlo y nos pilla de sopetón. Pero más allá de eso, yo no viví ni vivo esta etapa como como el final de nada, al contrario.
Además, yo creo que lo único que realmente te tiene que preocupar y ocupar es hacer ejercicio físico. Si haces ejercicio físico, si te mueves, si comes sano, no tienes por qué preocuparte. Siempre que no tengas una patología de base. No tienes por qué preocuparte por la menopausia en exceso, tienes que preocuparte por cuidarte.
Comentabas que entraste de forma precoz con 44 años, te dieron toda la información en ese momento. ¿Te informaron sobre lo que te iba a pasar, qué iba a pasar con tu cuerpo?
No me dieron ninguna información. Yo tampoco lo pregunté. Sabía que iba a entrar en la menopausia porque me extirparon los ovarios, con lo cual adiós a las glándulas que segregan los estrógenos. Pero no, el doctor que me hizo la intervención no me explicó nada. Ni yo tampoco le pregunté.
Y sí que apuntabas que supiste que entrabas en la menopausia por cambios en la voz, ¿no es así?
Sí, es uno de los síntomas que quizá menos se conoce o de los que menos se habla. La persona que los padece tiene un carraspeo constante, un cortarse el sonido de forma repentina. Porque precisamente lo que la voz necesita es colágeno, elasticidad y mucha hidratación. Y eso es justamente lo que perdemos en la menopausia, porque tenemos un cuadro de sequedad a todos los niveles. Y esa sequedad y esa falta de colágeno tiene una incidencia extraordinaria en la voz.
Es terrible. El carraspeo y la tos constante y la sensación de que tienes algún cuerpo extraño ahí metido en las cuerdas vocales, que no te deja articular bien el sonido. Sí que es cierto que en las personas que utilizamos la voz de forma profesional esas sensaciones se hacen más patentes, se acentúan más. Es como un deportista. Tú tienes sensaciones corporales y sabes si estás preparado para afrontar un reto motriz como es el hecho de cantar. Son sensaciones que la persona que trabaja con la voz de forma profesional las nota mucho más.
Y aparte de ese, ¿cuáles han sido los otros síntomas que has padecido?
Yo creo que hay hasta 30 signos o síntomas reconocidos y los más famosos son insomnio, sofocos y esa niebla mental, que cuando te llega te preocupas mucho, y te planteas ir a un neurólogo y hacerte las pruebas pertinentes. Más en una persona como yo, que he trabajado mucho la memoria, que he tenido siempre una memoria espectacular, que me he aprendido los guiones solo de mirarlos.
Luego ves que te llega un trabajo, un proyecto, tienes que estudiar una partitura o un libreto y te das cuenta de que tu memoria sigue intacta y que no pasa nada y que trabajando todo se consigue. Pero sí que es cierto que esa niebla mental persiste y que pierdes un poco la agilidad en el lenguaje. También hay que entrenarlo y hay que prepararse más las cosas, sobre todo si, como yo, te dedicas a impartir formación, a hablar con los medios de comunicación. Porque sí que es cierto que esa niebla mental está ahí.
¿Qué cambios en el estilo de vida te han podido ayudar a afrontar mejor esta etapa?
Bueno, yo el cambio quizá más grande que he hecho ha sido decidir dónde quiero vivir estos últimos años de mi vida. Los que me queden. Es muy importante, y por suerte yo he podido hacerlo, y vivo en un pueblo, porque además yo soy de pueblo y necesito esa sensación. He querido recuperar una vida que yo he conocido y un mundo y una forma de vida que yo he conocido. Más sencilla, más simple, más austera, con más contacto con la naturaleza, con menos trabas, con silencio. Y eso para mí ha sido fundamental. Y te diré que desde que he cambiado en ese aspecto, yo no tengo insomnio. Yo puedo dormir ocho horas seguidas sin enterarme.
Yo ahora estoy mucho mejor que cuando tenía 44 años. Es increíble, así que ¡ánimo!
¿Qué le dirías a esta gente que dice la manida frase de son las hormonas?
Sin duda hay un tsunami hormonal que sufrimos las mujeres, no solo con la menopausia, sino a lo largo de toda nuestra vida. De hecho, cuando tenemos la menopausia la verdad es que es un alivio porque ya emocionalmente, mentalmente estás mucho mejor, con mucho más equilibrio. Yo no cambio para nada mis épocas de menstruación. ¿Entonces qué les diría? Pues a todos, a mujeres y a hombres, y especialmente a hombres, que está bien que se informen sobre lo que es la menopausia y qué lo provoca.
Y que tengan una idea a nivel biológico y fisiológico de qué es lo que nos sucede y que sea para poder acompañar a sus parejas y para empatizar con lo que nos sucede internamente, externamente y cognitivamente. Porque no es fácil y sí que es cierto que tenemos que gestionarlo nosotras y nadie lo va a hacer por nosotras. Pero si a nuestro alrededor tenemos una sociedad comprensiva, amable y una pareja que también empatiza, que entiende lo que nos sucede, mucho mejor.
Echando la vista atrás, ¿qué le diría ahora a la Nina que se miró al espejo en aquel momento y se dijo ‘¿Y tú quién eres?’ cuando llegó ese momento de la menopausia?
Uy, yo le diría 'tira hacia adelante porque lo mejor está por venir'. Y así ha sido. Mi cuerpo y mi voz hemos hecho un largo viaje de 14 años hasta llegar donde estamos y nos lo hemos currado mucho. Hemos hecho muchos deberes y tenemos que seguir haciéndolos. Pero yo ahora estoy mucho mejor que cuando tenía 44 años. Es increíble, así que ¡ánimo!
Para finalizar, Nina, ¿qué cosas buenas se pueden extraer de esta etapa llena de cambios en la vida de la mujer?
No es difícil mirar lo positivo porque entre todas tenemos que hacerlo y es responsabilidad nuestra poner mucha luz a todo lo bueno, a lo que nos da la madurez, la experiencia que acumulamos, que es un tesoro, el conocimiento, el habernos formado, el haber crecido, el haber aprendido, el tener una mejor y mayor gestión emocional, que eso es fundamental. La paz, la tranquilidad, la quietud, la calma. Yo eso por lo menos lo valoro mucho y creo que eso nos va llegando con la edad.