En cada edición de La Isla de las Tentaciones, parejas jóvenes aceptan voluntariamente un reto que pone en jaque los pilares más tradicionales del amor romántico: la exclusividad, la fidelidad y la estabilidad. Lo que en un principio podría parecer un simple reality show más, se ha transformado en un verdadero experimento sociológico y nos hace preoguntarnos si el ser humano es monógamo por naturaleza o no.
En este reallity, parejas en relaciones formales se separan durante semanas en dos villas distintas, rodeados de solteros y solteras dispuestos a tentarles. Todo se graba. Todo se expone. Todo se juzga. Pero más allá del morbo y el espectáculo, lo cierto es que el programa ha servido como catalizador para una conversación que muchas personas tienen pendiente: ¿es realista aspirar a una relación monógama de por vida? De esto hablamos con Lara Ferreiro, psicóloga y experta en parejas.
Desde un punto de vista evolutivo, el ser humano es polígamo. Nuestro cerebro no está programado para la exclusividad, sino que responde a estímulos nuevos como parte de su propia biología
¿Monógamos por elección o por imposición cultural?
El debate no es nuevo, pero el fenómeno televisivo lo ha puesto en primera línea. ¿Somos realmente monógamos por naturaleza? “Desde un punto de vista evolutivo, el ser humano es polígamo. Nuestro cerebro no está programado para la exclusividad, sino que responde a estímulos nuevos como parte de su propia biología”, explica Ferreiro.
Y los datos la respaldan. Según una encuesta reciente de la plataforma Ashley Madison, especializada en encuentros discretos entre personas casadas, solo el 51% de los españoles se considera completamente monógamo. El resto admite estar abierto a explorar otras formas de amar o, directamente, ya lo hace.
Además, uno de cada tres españoles en pareja ha sido infiel. En cifras, hablamos de aproximadamente 8,5 millones de hombres y 7,5 millones de mujeres en nuestro país. Lejos de estigmatizar estas cifras, Ferreiro invita a entenderlas desde otra óptica: “La infidelidad no es siempre sinónimo de traición, a veces es el síntoma de una necesidad no cubierta, de una estructura relacional que ya no funciona”.
Mujeres liderando la revolución relacional
Curiosamente, las mujeres están siendo protagonistas en este cambio de paradigma. “Con la incorporación plena al mundo laboral, también se han roto muchas barreras emocionales. Las mujeres ahora tienen más posibilidades de conocer a otras personas, explorar, experimentar… y no se sienten culpables por ello”, señala Ferreiro.
Una de cada cuatro mujeres encuestadas por Ashley Madison afirma estar en una relación no monógama. Lo interesante es que muchas de ellas no son personas con una larga lista de relaciones anteriores. De hecho, el 28% ha tenido solo dos o menos parejas sexuales antes de abrir su relación. “Eso desmonta el mito de que las relaciones abiertas son solo para gente promiscua. En realidad, es una opción emocionalmente madura que muchas mujeres eligen para no renunciar a sus necesidades”, aclara la psicóloga.
En la pandemia, muchas personas se replantearon su vida afectiva. Las parejas que ya estaban en crisis comenzaron a buscar nuevas fórmulas para sentirse vivas. Algunas rompieron, pero otras decidieron abrir su relación de forma consensuada, con normas claras y respeto mutuo
La pandemia como punto de inflexión
En consulta, Ferreiro ha notado un cambio significativo desde la pandemia. “Muchas personas se replantearon su vida afectiva. Las parejas que ya estaban en crisis comenzaron a buscar nuevas fórmulas para sentirse vivas. Algunas rompieron, pero otras decidieron abrir su relación de forma consensuada, con normas claras y respeto mutuo”.
¿Y cuáles son esas normas? Algunas muy comunes, como no tener sexo con amigos en común o usar siempre preservativo, pero lo esencial es que cada pareja construye su propio marco. “Lo importante es revisar esos acuerdos cada seis meses, hablar de lo que funciona y lo que no. La sinceridad es la base”.
Tipologías del “amplio espectro de la monogamia”
En este proceso de evolución afectiva ha surgido un nuevo término: el “amplio espectro de la monogamia”. Bajo este concepto se agrupan múltiples formas de relacionarse que se alejan del modelo tradicional, adaptándose a las necesidades y acuerdos de cada pareja. Desde relaciones cerradas, pero con espacio para fantasías externas, hasta el poliamor más radical, el abanico de posibilidades es cada vez más amplio.
Así, encontramos parejas que optan por una relación cerrada tradicional basada en la fidelidad sexual y emocional, mientras otras permiten la fantasía, ya sea a través de pensamientos o consumo de pornografía, sin que esto implique una infidelidad. Algunas deciden abrir la relación desde lo emocional o lo sexual, según lo que se pacte, y otras adoptan un modelo autónomo, en el que se permite experimentar con terceros pero siempre priorizando a la pareja principal.
También está el poliamor, que puede ser jerárquico, con una relación principal, o sin jerarquías, en las que todos los vínculos tienen la misma importancia. El modelo swinger o de intercambio de parejas se centra en compartir experiencias sexuales con terceros, pero manteniendo la exclusividad afectiva. Y sí, también existen las relaciones híbridas, en las que solo uno de los miembros tiene permiso para mantener relaciones externas por motivos específicos. Como recuerda la psicóloga Lara Ferreiro, “todo es válido mientras haya consenso y comunicación”.
En la pandemia, muchas personas se replantearon su vida afectiva. Las parejas que ya estaban en crisis comenzaron a buscar nuevas fórmulas para sentirse vivas. Algunas rompieron, pero otras decidieron abrir su relación de forma consensuada, con normas claras y respeto mutuo
¿Qué se busca realmente en estas nuevas formas de amar?
Según Ferreiro, “el objetivo no es tener más sexo, sino sentirse más libre, más escuchado y más conectado emocionalmente”. De hecho, un 15% de los encuestados afirma que abrir la relación fortaleció su vínculo de pareja. Los sentimientos más habituales que reportan quienes viven estas dinámicas son: satisfacción, libertad, alegría, excitación y autenticidad.
Eso sí, no es un camino exento de dudas. Muchas parejas llegan a terapia con la curiosidad, pero también con miedo: ¿y si a mi pareja le gusta más otra persona? ¿Y si me dejo llevar y pierdo lo que tengo?
“El diálogo lo cambia todo”, insiste Ferreiro. “He visto muchas veces cómo, al hablarlo abiertamente, las parejas descubren que los dos lo habían pensado, pero no se atrevían a decirlo. Eso genera una nueva intimidad”.
¿Y si uno quiere abrir la relación y el otro no?
Aquí no hay recetas mágicas. “El amor no lo arregla todo. Si uno quiere una relación abierta y el otro no, no se puede forzar. Hay que evaluar si existe una compatibilidad de fondo”, explica la terapeuta. La honestidad es crucial. “Si las diferencias son insalvables, lo mejor es tener el coraje de admitirlo y no alimentar falsas esperanzas”.
¿Puede una persona polígama convertirse en monógama? “Sí, pero solo si lo hace por convicción, no por miedo a perder al otro. Lo mismo ocurre al revés: alguien puede abrirse a nuevas fórmulas si siente que le hacen bien. Pero nunca por imposición”.
Lo interesante del formato no es quién cae en la tentación, sino lo que ocurre después: cómo se gestionan los celos, la culpa, la necesidad de perdón o la búsqueda de libertad
La Isla de las Tentaciones: un espejo social
Volviendo al programa que nos ocupa, La Isla de las Tentaciones actúa como un catalizador de conversaciones que no siempre son fáciles. “Lo interesante del formato no es quién cae en la tentación, sino lo que ocurre después: cómo se gestionan los celos, la culpa, la necesidad de perdón o la búsqueda de libertad”, reflexiona Ferreiro.
Cada vez más personas se replantean si es realista esperar exclusividad para toda la vida. Y más importante aún: ¿es eso lo que verdaderamente quieren? “Muchas veces confundimos amor con posesión, pero amar también puede ser dejar que el otro explore, sin miedo a perderlo”.
Las claves de una relación sana (monógama o no)
Sea cual sea el modelo relacional, hay una serie de ingredientes que no pueden faltar para que una pareja funcione. Ferreiro los resume en diez puntos esenciales:
- Disponibilidad emocional
- Generosidad afectiva
- Compromiso claro y mutuo
- Felicidad compartida
- Salud psicológica individual
- Crecimiento conjunto
- Buena comunicación
- Evitar los “cuatro jinetes” del amor: crítica, desprecio, estar a la defensiva e indiferencia
- Hablar los cinco lenguajes del amor
- Saber en qué “pantalla” de la relación se encuentran
Este último punto es especialmente interesante. Ferreiro compara el amor con un videojuego que pasa por diferentes “pantallas”:
- Pantalla 1: enamoramiento efervescente (dura unos 15 meses).
- Pantalla 2: zona de confort y rutina estable.
- Pantalla 3: crisis (suele aparecer entre los 5 y 10 años).
- Pantalla 4: amor profundo e incondicional.
- Pantalla 5: despedida (ruptura o muerte de uno de los miembros).
“Reconocer en qué fase estás puede ayudarte a entender lo que estás sintiendo y actuar en consecuencia”.
Las relaciones monógamas seguirán pero cada vez será más habitual que convivan con modelos abiertos, poliamorosos, híbridos o simplemente personalizados.
¿Y cómo saber si el amor se ha acabado?
Ferreiro responde sin rodeos: “Cuando el deseo ha desaparecido y no hay interés por recuperarlo. Cuando ya no haces planes con tu pareja. Cuando te da alivio imaginar la separación. El amor se va apagando poco a poco, y va dejando señales muy claras”.
En estos casos, insiste, no hay que tener miedo de dejar ir. “Aferrarse por miedo a la soledad es como sostener un hilo que se deshace en tus manos. Tú mereces un amor que te haga sentir vivo, no atrapado”.
¿Es el fin de la monogamia?
"No exactamente. Lo que está ocurriendo, más bien, es una diversificación. Las relaciones monógamas seguirán existiendo, por supuesto, pero cada vez será más habitual que convivan con modelos abiertos, poliamorosos, híbridos o simplemente personalizados", indica.
“La clave está en dejar de ver la monogamia como la única opción válida. Hoy sabemos que hay múltiples formas de amar, y que ninguna es superior a otra. Lo importante es que cada persona pueda elegir libremente cómo quiere vivir su intimidad y su afectividad”, concluye Lara Ferreiro.
La Isla de las Tentaciones, con todo su espectáculo, nos recuerda algo esencial: el amor no es una fórmula única.