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dieta y cancer

Las 15 claves dietéticas y el plato más saludable si tienes cáncer y no quieres engordar

Te sentirás mejor a pesar de la enfermedad


Actualizado 9 de marzo de 2022 - 21:35 CET
plato saludable cancer© iStock

1. No existe ninguna dieta que cure el cáncer. Y, en general, un paciente oncológico puede comer de todo. Pero sí hay ciertas indicaciones dietéticas que hay que tener en cuenta cuando se sufre esta enfermedad. Por varios motivos: porque los alimentos que se consumen y los métodos de cocción influyen en el estado de salud y porque hay alimentos que pueden interactuar con los tratamientos de quimioterapia u hormonales. 

Por ello, la Dra. Carolina Ortega, oncóloga del Severo Ochoa y la nutricionista Cristina Cruces, del Hospital Infanta Elena, con la colaboración de Merck, la Universidad Autónoma de Madrid, el director de la cátedra Jesús García-Foncillas, la Dra. Clotilde Vázquez, han publicado la Guía de alimentación y hábitos de vida para el paciente oncológico, un manual que explica cómo y qué comer. Así como qué hacer para controlar el peso corporal, ya que los tratamientos que se administran en cáncer pueden engordar. 

 

Cáncer y aumento de peso

En este sentido, la Dra.Ortega y la dietitista y nutricionista Cristina Cruces, a las que hemos consultado, nos explican que en algunos casos, el incremento de peso se produce en la fase de tratamiento activo de la enfermedad por efecto del tratamiento con quimioterapia y otros fármacos, también puede ser derivado de la inactividad por cirugías, etc.

En muchos de los casos es un problema crónico por malos hábitos alimentarios, al existir un aporte excesivo de calorías en relación con las necesidades energéticas y gasto, o por llevar una alimentación desequilibrada, asociado habitualmente a poca actividad física.

Las recomendaciones y pautas alimentarias en las personas con cáncer y exceso de peso dependen de la situación clínica y del tratamiento que estén llevando en ese momento.

 

Obesidad con desnutrición

Se puede dar la paradoja de que exista al mismo tiempo exceso de peso y desnutrición, es decir, que exista un incremento del compartimento graso corporal al mismo tiempo que un descenso de la masa muscular, o déficits de nutrientes esenciales, como vitaminas o minerales.

Esto puede ser debido a múltiples razones, que incluyen el efecto de la propia enfermedad, los tratamientos, la inactividad y una alimentación inadecuada, que no aporte los nutrientes necesarios en cada fase de la enfermedad. Por tanto, no sólo hay que evitar la ingesta excesiva de calorías, sino que es necesario elegir bien los alimentos.

 

La clave, la buena selección de los alimentos

La sensación de hambre, de apetito no es algo malo, es como la de sed, calor, sueño, etc. El problema principal es la mala selección de alimentos, la forma de prepararlos y combinarlos y el mal reparto de estos a lo largo del día.

Para poder adaptarnos mejor a las recomendaciones nutricionales y facilitar nuestro cambio de hábitos es necesario identificar los hábitos equivocados y las situaciones que los provocan, lo que nos puede llevar a comer cuando no debemos y lo que no debemos, para ser capaces de cambiarlos. 

A continuación, resumimos los consejos que nos dan las expertas, recomendaciones dietéticas para el paciente oncológico, que se pueden extender a la población general, y que ayudarán a que su bienestar mejore a pesar del cáncer. 

Los avances más importantes en cáncer

plato horario© iStock

2. Reparte las comidas

Es importante distribuir la alimentación diaria en 4 - 5 comidas al día, dependiendo de tus hábitos de sueño, para evitar situaciones de hambre excesiva o ansiedad por la ingesta, intentando seguir una rutina horaria en la medida de lo posible. En caso de que no le apetezca ingerir toda la cantidad de alimentos recomendados en alguna de las comidas, reduce su cantidad global intentando mantener la composición, evitando siempre saltarse la toma.

verduras vapor© iStock

3. Verduras a diario

Consume cada día un mínimo de 2 raciones de verduras y/u hortalizas ya sea como plato principal o como mitad de plato único. Una de estas raciones diarias se recomienda que sea en forma cruda. Escoge siempre productos de temporada y proximidad para que aporten la mayor cantidad, variedad y calidad de nutrientes.

Además, utiliza técnicas culinarias sencillas que no impliquen la adición excesiva de aceite y modifiquen lo mínimo posible el valor nutricional de los alimentos

cestas fresas© iStock

4. Las frutas son esenciales

Consume cada día 3-4 raciones de fruta fresca repartidas en desayuno, media mañana o merienda y como postre principal de comida y cena. Siempre que sea posible, hay que comerla con piel tras lavarla. Evita los zumos, ya que conservan el azúcar natural de la fruta, pero pierden la fibra. Escoge siempre productos de temporada y proximidad para que le aporten la mayor cantidad, variedad y calidad de nutrientes.

alimentos prohibidos© iStock

5. Hay alimentos que no están recomendados o que hay que evitar 

Por ejemplo, la soja. Se recomienda no consumir soja ni derivados si se está recibiendo tratamiento con cáncer taxol (paclitaxel) o tamoxifeno (tratamiento hornonal), ya que la soja (en concreto la genisteína presente en ella) puede interaccionar con estos medicamentos, inhibiendo su eficacia.

Referente al pomelo, contiene compuestos químicos llamados furanocumarinas que alteran genes (CYP3A4) y proteínas (enzimas) responsables de realizar el metabolismo de los fármacos. En algunos casos, estos compuestos químicos hacen que el metabolismo de ciertos medicamentos sea muy lento o se bloquee, lo que genera una mayor cantidad de droga en la sangre (mayor absorción en el intestino), causando una mayor cantidad de efectos adversos (toxicidad). Un pomelo o un vaso de zumo (200ml) es suficiente para causar interacciones en los medicamentos. Un solo vaso puede disminuir casi 50% la absorción de un fármaco en el intestino. A su vez, este efecto químico causado por el zumo desaparece lentamente, por lo que el efecto negativo puede seguir actuando 24 horas después.

legumbres© iStock

6. Las legumbres y los cereales integrales son tus aliados

Consume legumbres al menos 3-4 veces a la semana. Recuerda que las legumbres, por su composición nutricional rica en hidratos de carbono y en proteínas, están incluidas en ambos grupos, por lo que el día que las consuma puedes combinarlas con verduras y hortalizas siendo plato único. En cuanto a la pasta y el arroz, siempre en su versión integral, evita las refinadas. 

frutos secos pelo© iStock

7. Frutos secos, un puñadito al día 

Son una importante fuente de grasas buenas además de otros nutrientes indispensables para tu salud. Por ello, las expertas en oncología y nutrición te recomiendan consumir un puñado pequeño de frutos secos a diario en media mañana o merienda, además del gran valor nutricional que poseen le ayudarán a estar saciado durante más tiempo.

leche vaso

8. Lacteos, sí, pero mejor sin grasa 

Existen muchas dudas sobre si es bueno consumir leche o no. Cristina Cruces sí lo recomienda, y sugiere tomar dos raciones de media de lácteos al día. Eso sí, en su versión más light, por ello son recomendables la leche desnatada o semidesnatada y los yogures naturales sin azúcar añadido.

Respecto a si la leche puede provocar cáncer, las expertas señalan que no. Y explican que la evidencia científica actual nos dice que un consumo adecuado de leche y derivados lácteos como el yogur o los quesos, no está asociado a un mayor riesgo de desarrollar ningún tipo de cáncer, tampoco hay constancia de que su ingesta tenga efectos negativos durante el tratamiento del cáncer.

Además, los lácteos fermentados, como los yogures, contribuyen al buen funcionamiento del tracto intestinal.

Por otro lado, es difícil cubrir las recomendaciones de calcio sin consumir productos lácteos. La digestibilidad y absorción del calcio y fósforo contenidos en la leche es bastante alta, debido en parte, a que se encuentran conjuntamente con la caseína, por lo que la leche y sus derivados son la mejor fuente de calcio tanto para el crecimiento de los huesos en los jóvenes, como para el mantenimiento de la integridad ósea en los adultos.

Se recomienda la elección de aquellos productos lácteos con menor contenido en grasa y azúcares.

huevos pasados© iStock

9. Huevos, ¡sí!

Salvo que haya alguna contraindicación o que el médico te aconseje no tomarlos, los huevos pueden y deben formar parte de tu dieta saludable. Son fuente de proteínas de alto valor biológico y de nutrientes como vitaminas A, B, D y E, además de ser fuente de calcio, selenio y yodo. Las expertas nos recomiendan consumir de 2 - 5 unidades de huevo a la semana (en forma de tortilla, plancha, escaldado, revuelto o cocido)

boquerones© iStock

10. Pescados, carnes... elige estos

Respeta la frecuencia y la cantidad pautada de alimentos proteicos, opta preferentemente por pescados y carnes bajas en grasa como la de ave, conejo, etc. Cuando selecciones como fuente proteica de tu plato el pescado azul recuerda que es preferible elegir pequeño tipo boquerón sardina, etc. con frecuencia de consumo recomendada de unas 2 veces semana.

olivas y aceite de oliva© iStock

11. Aceite de oliva, el acompañante ideal

Utiliza siempre aceite de oliva virgen extra como fuente principal de grasa para cocinar y aliñar. Vigila las cantidades, ya que las grasas son muy calóricas y aunque el aceite de oliva es un alimento muy saludable cuyo consumo nos aporta muchos y grandes beneficios, también es muy calórico, por lo que hay que medir, vigilar, la cantidad que consumimos cuando queremos bajar o mantener el peso.

grasas salturadas© iStock

12. Mejor no comas embutidos 

Evita el consumo de quesos curados y embutidos grasos (chorizo, longaniza, paté, sobrasada, salami, etc.). Opta por embutidos bajos en grasa (pavo, jamón dulce, jamón curado, etc ), vigilando el contenido en sal y evitándolos siempre y cuando tengas que seguir una dieta pobre en sodio. Las carnes rojas tan solo 1 vez cada 7-14 días y seleccionando siempre las partes más magras (con menor contenido graso).

bolleria© iStock

13. Bollería industrial, dulces, margarinas o mantequillas, salsas industriales... 

Tampoco conviene que las consumas. Así como tampoco son recomendables los productos ultraprocesados. Son productos elaborados industrialmente, vienen envasados y muchas veces vienen listos para comer, se elaboran a partir de ingredientes procesados y no contiene ingredientes frescos o que puedan identificarse en su presentación final. Se caracterizan por altas cantidades de azúcares, grasas y sal, además de tener un bajo valor nutricional. 

Respecto a los dulces, hay que limitarlos al máximo. Un consumo elevado de hidratos de carbono simples, de absorción rápida o azúcares, se asocia con sobrepeso y obesidad, factores de riesgo demostrados para el desarrollo de muchos tipos de cáncer. Es decir que un alto consumo de azúcar, al fomentar el sobrepeso y la obesidad, puede indirectamente aumentar el riesgo de cáncer.

Test de nutrición para saber si estás comiendo muchas grasas

copas varios vinos

14. El alcohol no es saludable

La mejor bebida de elección es el agua. Es muy importante mantener un buen estado de hidratación mediante un consumo adecuado de agua, también puede consumir infusiones naturales sin azúcar y caldos caseros desgrasado.

Respecto a las bebidas alcohólicas, mejor evitarlas. La evidencia científica que demuestra que el alcohol tiene efecto carcinógeno se conoce desde hace años. Diversos estudios epidemiológicos y meta-análisis corroboran esta afirmación. Estos hallazgos motivaron a la Agencia Internacional de investigación contra el cáncer (IARC) a clasificar el alcohol como un carcinógeno tipo 1 (la categoría de mayor riesgo) en 1988.

No existe un nivel de consumo por debajo del cual no exista un incremento del riesgo.

Existen varios mecanismos conocidos por los que el alcohol es un factor de riesgo para la aparición de neoplasias.

Existen varios tumores cuya aparición está relacionada con el consumo de alcohol:

  • Cánceres de cabeza y cuello. El consumo moderado a excesivo de alcohol está asociado con mayores riesgos de ciertos cánceres de cabeza y cuello; además, este riesgo se incrementa sustancialmente en los pacientes que consumen grandes cantidades de alcohol asociados al tabaco
  • Cáncer de esófago. El consumo de alcohol a cualquier grado está asociado con un riesgo mayor de un tipo de cáncer de esófago de tipo escamoso. Los riesgos, comparados con consumo nulo de alcohol, van de 1,3 veces mayor por consumo ligero a cerca de 5 veces mayor por consumo excesivo.
  • Cáncer de hígado (hepatocarcinoma). El consumo excesivo de alcohol está asociado con aproximadamente 2 veces más riesgos de dos tipos de cáncer de hígado (carcinoma hepatocelular y colangiocarcinoma intrahepático).
  • Cáncer de mama. Estudios epidemiológicos han encontrado invariablemente un riesgo mayor de cáncer de mama asociado con un consumo mayor de alcohol. Los datos combinados de 118 estudios individuales indican que quienes beben alcohol ligeramente tienen un riesgo ligeramente mayor (1,04 veces) de cáncer de mama, en comparación con quienes no beben. El aumento de riesgo es mayor en las bebedores moderadas (1,23 veces mayor) y las bebedoras en exceso (1,6 veces mayor) .
  • Cáncer colorrectal. El consumo moderado a excesivo de alcohol está asociado con un riesgo mayor de cánceres de colon y de recto en comparación con consumo nulo de alcohol (1,2 a 1,5 veces mayor ).

Por todo ello, es fundamental limitar el consumo de alcohol. Para prevenir el riesgo de neoplasias, lo mejor es no beber alcohol.

Por otro lado, un consumo elevado de alcohol se ha relacionado con un aumento de riesgo de patología vascular, entre la que se encuentra problemas de hipertensión, riesgo aumentado de infarto así como problemas hepáticos y riesgo de pancreatitis.

plato saludable© iStock

16. El plato saludable para un paciente con cáncer

Teniendo en cuenta todos estos consejos, ya podemos ver cuál sería el plato más saludable para un paciente con cáncer. Las expertas nos recomiendan una adaptación del famoso Plato de Harvard, en el que se recomienda que el 50% contenga verduras y hortalizas, el 25% carnes, pescados huevos, legumbres y frutos secos y el 25 % restante cereales integrales o tubérculos. Esto ayudará al paciente oncológico a mantenerse más sano a través de la alimentación y a poder controlar el aumento de peso.