La psicóloga Samar Cajal nos cuenta las claves para que tu casa se convierta en un refugio de serenidad y bienestar
Crear un hogar pausado y cultivar el arte de vivir sin prisas es lo que propone esta psicóloga y autora del libro, 'Slow Living: Fluir con la naturaleza'. Con ella descubrirás cómo hacer que tu casa sea un lugar donde poder respirar, desconectar del ruido exterior y sentirte en paz.
Vivir más lento es posible. Apagar el ruido y convertir nuestra casa en un refugio calmado. ¿Quieres recuperar la paz en tu hogar después de una jornada estresante? La psicóloga Samar Cajal, en las páginas de su libro ‘Slow Living: Fluir con la naturaleza’ (de la editorial Loft Publications), nos da toda la inspiración para crear nuestro propio oasis de calma.
Samar nos cuenta sus motivaciones: “este libro surge de una necesidad personal y profesional: la de encontrar maneras de vivir con más calma, incluso en un mundo que parece no detenerse. Siempre he sido un alma inquieta, fascinada por la magia de la naturaleza, por su fuerza, su quietud y su sincronía. En ella encuentro un equilibrio que nos recuerda que todo tiene su propio ritmo y que es posible habitar el mundo de una manera más serena”.
Como psicóloga, sé que la naturaleza tiene un impacto profundo en nuestro bienestar. Nos ofrece pausas, nos ayuda a respirar más profundo y nos invita a conectar con el presente.
Samar Cajal, psicóloga
Desde pequeña, su madre la llevaba a obras en construcción y le enseñó a observar los espacios con atención, a buscar la belleza en los detalles y a entender la importancia del equilibrio en el diseño. Sin saberlo, le estaba transmitiendo una forma de ver el mundo, en la que los lugares que habitamos influyen en cómo nos sentimos y en cómo nos relacionamos con nuestro entorno. Y continúa: “como psicóloga, sé que la naturaleza tiene un impacto profundo en nuestro bienestar. Nos ofrece pausas, nos ayuda a respirar más profundo y nos invita a conectar con el presente. La filosofía zen encarna esa misma fusión entre calma, simplicidad y conexión con el entorno, algo que también he intentado plasmar en estas páginas”.
‘Slow Living: Fluir con la naturaleza’ es una invitación a reflexionar sobre cómo nuestros hogares pueden convertirse en refugios de serenidad y cómo los materiales, la luz y los objetos que nos rodean pueden ayudarnos a vivir con más intención.No se trata solo de decoración, sino de una forma de estar en el mundo.
Llevamos una vida tan acelerada que en ocasiones sentimos que nos atropella. Por este motivo Samar considera que la slow life es la búsqueda de espacios que nos permitan vivir con calma, en conexión con nosotros mismos y con nuestro entorno. Es la manera de crear espacios que no solo sean bonitos, sino que también fomenten la calma, la conexión con el presente y el bienestar. Es diseñar entornos que nos inviten a ralentizar, a disfrutar de cada momento y a vivir con más intención.
“Estamos tan acostumbrados a la prisa que muchas veces no nos damos cuenta de cómo nos afecta hasta que nos sentimos agotados y sin energía”, cuenta la psicóloga que ha fundado la empresa de decoración floral Sakura Atelier, en Madrid.
En este contexto, nuestros espacios deberían ser un refugio, un lugar donde podamos respirar, desconectar del ruido exterior y sentirnos realmente en paz. Crear un espacio en armonía con nuestra forma de vivir y con lo que necesitamos nos ayuda a recuperar el equilibrio. Un hogar que respira serenidad nos ayuda a recuperar energía, a vivir de manera más presente y a disfrutar realmente de nuestro tiempo en casa. El rincón de chimenea de la imagen es el que ilustra la portada de su libro.
El primer paso que recomienda Samar para crear ambientes más pausados y armoniosos en casa es eliminar todo el ruido visual. “Muchas veces acumulamos objetos por inercia y nos rodeamos de cosas que ni usamos ni disfrutamos. Hacer una limpieza consciente, quedándonos solo con lo que realmente tiene un propósito o nos hace felices, ya es un gran cambio”, afirma. El diseño del dormitorio de la propuesta lo firma Coblonal.
Después, también es esencial prestar atención a los materiales y a la iluminación. En concreto sugiere:
Materiales: La madera, el lino y otros textiles naturales, la cerámica aportan textura y conexión con la naturaleza. El uso de estos materiales entonos neutros y suaves crean una sensación de calma inmediata.
Luz: sustituir la iluminación blanca y fría por bombillas cálidas. La luz cálida transforma completamente un espacio, haciéndolo mucho más acogedor. Asimismo, siempre que sea posible, hay que aprovechar al máximo la luz natural.
La experta propone un diseño biofílico, introducir elementos que nos conecten con la naturaleza: una planta, flores frescas y elementos naturales. Son detalles sutiles, pero que tienen un gran impacto en la forma en que percibimos nuestro entorno. Para dar un cálida bienvenida el recibidor de la imagen, de La Redoute Intérieurs, cuenta con madera, fibras y algunas plantas.
La naturaleza tiene un efecto inmediato sobre nuestro bienestar. Está comprobado que nos ayuda a reducir el estrés y a sentirnos más equilibrados. Podemos integrarla en casa de muchas formas, Samar propone hacerlo: a través de plantas, materiales naturales, colores suaves y luz natural. También es importante abrirnos a la naturaleza más allá de los objetos: aprovechar la luz del sol, permitir que el aire circule, observar el paso de las estaciones a través de la ventana. Todo esto nos ayuda a sentirnos más en sintonía con el ambiente exterior.
“La clave es hacer que nuestra casa nos recuerde que hay un ritmo más pausado y orgánico al que podemos conectar en cualquier momento”, explica la psicóloga y escritora.
El equilibrio entre estética y funcionalidad se encuentra cuando diseñamos pensando en cómo vivimos un espacio. Para Samar, no tiene sentido tener una casa preciosa si está llena de muebles incómodos, de elementos que no usamos o de piezas que requieren demasiado mantenimiento.
Para decidir qué muebles se quedan en casa hay que preguntarse: ¿es cómodo?, ¿permite el descanso?, ¿fluye bien el movimiento? Cuando nos aseguramos de que todo lo que tenemos cumple una función y aporta armonía visual, conseguimos un hogar donde la calma es natural y no forzada.
Además, hay pequeños gestos que marcan la diferencia: tener un lugar específico para cada cosa, evitar el exceso de muebles que obstaculicen el paso y elegir materiales que envejezcan bien con el tiempo y que sean de fácil mantenimiento. Así de funcional es esta cocina de Mobalpa con la mesa de office de líneas orgánicas.
¿El minimalismo es siempre la mejor opción o hay otras formas de simplificar sin caer en este estilo decorativo? En opinión de Samar “el minimalismo es una gran herramienta, pero no es la única forma de simplificar. Muchas veces se asocia con espacios extremadamente neutros y casi vacíos, y eso no es para todo el mundo. Simplificar no significa vivir sin cosas, sino vivir sin exceso. Podemos tener una casa llena de objetos y colores si cada elemento tiene sentido y nos aporta algo positivo. Hay estilos como el Wabi-Sabi, que valora la imperfección y la autenticidad, o el estilo orgánico, que combina elementos naturales y texturas para crear una sensación acogedora”.
En resumen, lo importante es encontrar un equilibrio donde nuestra casa nos brinde calma sin que se sienta impersonal o fría. Muy armónico es este comedor creado por Batte Interioristas.
Materiales y texturas que ayudan a crear ambientes en calma
La experta está convencida de que los materiales tienen un impacto enorme en cómo vivimos un espacio. Destaca alguno de ellos:
La madera aporta estabilidad y una conexión directa con la naturaleza.
Los textiles como el lino y el algodón transmiten frescura y ligereza. Para generar una sensación de abrigo y confort, la lana y el terciopelo en mantas y alfombras son ideales.
La cerámica y la piedra introducen textura y un toque artesanal que enriquece cualquier ambiente.
Elementos en fibras naturales, como el ratán y el mimbre, añaden un aire relajado y natural, perfecto para espacios que invitan a la calma.
Además, los acabados mate y las superficies con textura ayudan a que los espacios se perciban de una forma más orgánica y menos rígida, favoreciendo una atmósfera armoniosa y acogedora.
Por otra parte, un ambiente monocromático puede percibirse como frío si no aportamos variedad de texturas. Por ejemplo, una habitación con paredes lisas y muebles de madera puede cobrar vida con una manta gruesa de lana, cojines de lino y una alfombra tejida a mano. Los contrastes entre lo suave, lo rugoso y lo mate hacen que el espacio sea más amable. Muy rico juego de texturas es el que presenta este salón diseñado por Mariska Dietz, en una villa en la urbanización marbellí Los Monteros.
“Tener una pieza hecha a mano en casa es un símbolo de cuidado y dedicación. Nos invita a valorar el trabajo artesanal y nos recuerda la importancia de vivir con conciencia. Cada objeto creado con paciencia y esmero nos conecta con la idea de que habitamos este planeta de manera temporal y que es nuestra responsabilidad protegerlo, para que las futuras generaciones también puedan disfrutar de la belleza y la magia de la naturaleza”, afirma Samar.
En este dormitorio las lámparas son el modelo ‘Rengo’ de Let’s Pause, con pantallas tejidas a mano con hilo de fibra de fique y ganchillo.
A menudo se usa la decoración mural para recordarnos practicar la gratitud, con pósteres o cuadros con mensajes positivos. Pero ¿son efectivos o pueden resultar artificiales? “Como psicóloga, creo que la decoración puede ser una herramienta poderosa para reforzar la gratitud y el bienestar emocional. Las láminas con frases inspiradoras pueden cumplir una función importante si actúan como anclas emocionales, ayudándonos a recordar lo que realmente valoramos en momentos de dificultad. Sin embargo, un exceso de mensajes positivos también puede generar malestar si en algún momento sentimos que no estamos a la altura de esas palabras”, cuenta Samar.
Así, la clave está en elegir elementos que nos hablen de manera auténtica y nos conecten con nuestra propia historia, en lugar de imponer expectativas rígidas sobre cómo deberíamos sentirnos.
La autora de ‘Slow Living: Fluir con la naturaleza’ propone pequeños rituales en casa que nos ayuden a bajar el ritmo. Según cuenta, la clave no está en hacer grandes cambios de inmediato, sino en encontrar pequeños momentos de pausa dentro del día a día. Algo tan simple como encender una vela al final del día puede convertirse en un ritual que marque el paso del bullicio al descanso, un instante para respirar hondo y dejar que la mente se relaje.
Preparar un té o un café con calma, en lugar de hacerlo a toda prisa, nos invita a disfrutar del presente, a conectar con los aromas, los sabores y la textura cálida de la taza entre las manos. Del mismo modo, escribir un par de líneas antes de dormir nos ayuda a cerrar el día con conciencia, ya sea anotando pensamientos sueltos, algo que nos haya hecho sentir bien o simplemente descargando aquello que nos inquieta.
También podemos crear un ambiente más sereno al dejar el móvil fuera del dormitorio y optar por despertarnos con luz natural en lugar de una alarma estridente. Pequeños gestos como estos nos permiten vivir con más intención, reduciendo la sensación de prisa y trayendo momentos de calma que, aunque breves, tienen un impacto profundo en nuestro bienestar.
No existen rincones de la casa más idóneos que otros para transformarlos en espacios de desconexión, porque cada persona encuentra la calma en diferentes actividades. Lo importante es identificar qué nos proporciona calma y crear un espacio en casa que nos invite a sumergirnos en esa sensación. Para algunos, la paz puede estar en un rincón íntimo formado por una butaca junto a una estantería llena de libros, mientras que, para otros, el refugio perfecto puede ser la cocina, donde el simple acto de cortar ingredientes y preparar una comida casera se convierte en un ritual meditativo.
Si pensamos en espacios clave, el dormitorio es uno de los lugares más importantes para fomentar el descanso y la tranquilidad. Mantenerlo libre de pantallas y distracciones innecesarias ayuda a crear un ambiente sereno, propicio para la relajación. Ropa de cama suave, una iluminación tenue y algún aroma sutil, como lavanda o madera, pueden hacer que el momento de irse a dormir sea una experiencia reparadora.
Un rincón de lectura o creatividad también puede convertirse en un oasis de calma. Una buena butaca, una luz cálida y una manta pueden hacer que cualquier rincón se transforme en un refugio acogedor para leer, escribir o simplemente desconectar. Para quienes encuentran la calma en la pintura o la cerámica, tener un espacio organizado con sus materiales a la vista puede invitar a sumergirse en estas actividades sin distracciones.
Otro espacio ideal para la desconexión es el baño, un lugar donde podemos crear nuestro propio santuario de relajación. Un baño caliente con velas, aceites esenciales y música suave puede convertirse en un ritual perfecto para soltar el estrés del día. Aromas como lavanda, eucalipto o sándalo ayudan a relajar la mente, mientras que una iluminación tenue y texturas agradables, como toallas gruesas o una alfombra mullida, potencian la sensación de bienestar.
Incluso si no se dispone de bañera, una ducha consciente con agua caliente, un jabón aromático y el simple acto de respirar profundamente puede ser una forma efectiva de desacelerar y reconectar con uno mismo. Transformar el baño en un espacio de autocuidado y bienestar nos recuerda la importancia de dedicarnos pequeños momentos para ‘resetear’ cuerpo y mente.
“Sea cual sea la actividad que nos ayude a desconectar, lo fundamental es encontrar un lugar en casa que nos permita ralentizar el ritmo, alejarnos del ruido del día a día y crear un espacio que invite al bienestar”, aconseja Samar.
Samar detalla que cada estación del año nos invita a transformar nuestro hogar con pequeños detalles que reflejan los cambios en la naturaleza y nos ayudan a conectar con su ritmo.
Eninvierno, cuando los días son cortos y el frío nos llama a recogernos en casa, los materiales cálidos y envolventes se vuelven protagonistas. Las mantas de lana gruesa sobre el sofá, velas encendidas que crean una luz tenue y acogedora, y detalles como ramas secas o piñas aportan un toque rústico y natural que evoca la calma del invierno.
Con la llegada de la primavera, el hogar se llena de frescura y renovación. Es el momento de introducir flores frescas en jarrones de cerámica, cambiar los textiles pesados por otros más ligeros, como lino o algodón, y jugar con una paleta de colores pastel que reflejen el renacer de la naturaleza.
El verano nos invita a abrir ventanas, dejar que la luz inunde los espacios y crear ambientes relajados que evocan la brisa del mar o la tranquilidad del campo. Las fibras naturales como el ratán o el mimbre en alfombras y cestas aportan frescura, mientras que pequeños detalles como conchas y piedras transmiten una sensación de ligereza y aire libre. En la propuesta el salón y la terraza proyectados por la interiorista Pia Capdevila están en ‘modo verano’.
Por último, el otoño nos invita a prepararnos para la llegada del frío, con decoraciones que aportan calidez y confort. Hojas secas en jarrones, velas en tonos tierra o ámbar y cestas de mimbre llenas de mantas suaves ayudan a crear una atmósfera acogedora, perfecta para disfrutar de momentos de calma mientras los días se acortan y la naturaleza se viste de colores cálidos.