Sencilla, clásica y elaborada con muy pocos ingredientes, la salsa bilbaína se ha usado tradicionalmente para servir por encima de pescados blancos y semigrasos a la brasa o al horno en el País Vasco y es el aderezo por excelencia de las angulas -le va de maravilla también a mariscos, vegetales o a unos simples huevos fritos-. Hay que elaborarla con su proporción justa de ingredientes para no enmascarar el sabor de la materia prima.
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¿Qué es la salsa bilbaína?
Conocida también como 'bilbaína' a secas, se trata de una salsa elaborada con ajos, guindilla, vinagre de vino blanco, aceite de oliva y perejil fresco. La guindilla se emplea seca o fresca y hay quien fuera del fuego le pone un poco de pimentón -pero a nosotros esta fórmula nos parece más cercada a la ajada gallega-. Se cree que es una elaboración nacida en el seno de la cocina marinera.
¿Cómo hacer la salsa bilbaína?
Preparar una bilbaína es tan sencillo como rehogar en una sartén con aceite unos ajos laminados con cuidado de que no se quemen; añadir la guindila troceada -gradúa la cantidad según te guste el sabor picante- y el vinagre y cocinar durante 1 minuto. Se retira del fuego y se espolvorea perejil fresco picado.
¿Para qué se se usa la salsa bilbaína?
Es habitual encontrar la salsa bilbaína sobre pescados como el rodaballo, la lubina, la merluza o el bacalao y, en algunas regiones, esta preparación se conoce como 'salsa donostiarra', aunque ambas denominaciones se refieren a la misma receta.