Con pocas calorías y nada de grasas, los tomates son un ingrediente básico de nuestra dieta mediterránea. Son ricos en vitaminas A, C y E, además de muchos minerales y el famoso licopeno, el antioxidante responsable de su color rojo. Se recomienda comerlos cuando estén ya bastante maduros, el momento en el que mejor podemos aprovechar sus propiedades. Si son demasiado verdes, su contenido en ácido oxálico es alto –y se asocia a problemas como artritis o reuma-, al igual que su contenido en solanina, que puede llegar a provocar migrañas. Además, es mejor consumirlos sin pelar: la piel es el lugar donde se encuentra la mayoría de su fibra, lo que facilitará el tránsito intestinal. Ahora que llega el buen tiempo, te dejamos varias recetas que los rellenan de tabulé, quesos o los convierten en ensalada.
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