"Me han matado mil veces, me han retirado unas veinte mil, me han enfermado otras tantas… Esta es la historia de siempre”. Julio Iglesias suena fuerte y risueño al otro lado del teléfono. O sea, como siempre. Casi no hubiera hecho falta que me dijera nada más porque sólo el tono de su voz habría sido prueba suficiente para desmentir -en este caso corregir- el aluvión de informaciones que apuntan a su retirada, a un estado frágil de salud, a que está en silla de ruedas... “A la gente le encanta hablar, y a mí me encanta que hablen, porque quiere decir que se acuerdan de mí. Yo he elegido esta vida. Convivo a las mil maravillas con soledad. Es mi compañera. Pero es una compañera elegida, no impuesta, a la que te acostumbras y con la que cada día soy más feliz”, nos dice, con su buen humor de siempre.
El caso es que con motivo de unas declaraciones de su buen amigo Carlos Herrera se ha generado un debate sobre su verdadero estado de salud. “Yo a Carlos le quiero muchísimo y no le culpo de nada. Nuestra amistad es estupenda… Pero sí tengo que matizar sus palabras", nos comenta el artista. “Hace 62 años se formó en mi espalda un tumor benigno, llamado osteoblastoma, que afectó a mi sistema nervioso dorsal y a mis piernas. De esa tumoración fui operado en 1963 y un año y medio después ya estaba totalmente recuperado y estudiando tranquilamente y feliz en Cambridge (Inglaterra)”.
Lo que nos cuenta Julio es que eso fue un capítulo superado y cerrado de su vida. No tiene ninguna secuela de aquel tumor ni entonces ni ahora. “Siento que haya habido esta equivocación, que, en realidad, solo ha servido para sentir el cariño profundo y auténtico que tengo desde hace muchísimos años de tanta gente”, nos cuenta, abrumado también por la cantidad de noticias que se han generado en torno a este asunto. Continúa, con su buen golpe de buen humor habitual: “Estoy feliz aquí en Bahamas con mi mujer y acabo de nadar en la piscina como un pez al que le persigue un tiburón”, y rompe en una sonora carcajada. Y ahí llega al capítulo de su retirada, otro de los temas más comentados en estos días: “De retirada, nada”, nos dice con total rotundidad.
“Estoy trabajando mucho en la serie de Netflix sobre mi vida. Dentro de unos días tengo una reunión con los altos ejecutivos para continuar con el proyecto… Eso no es retirarse, es seguir trabajando”. Julio está preparando la serie de su vida, y está ilusionado y motivado. Está repasando su carrera, escribiendo sus memorias y recordando los momentos decisivos de una vida de auténtica novela… Una vida en la que estaba rodeado permanentemente de gente, en la que iba girando de escenario en escenario, una vida en la que no había freno y solo nuevos récords que batir.
Ahora está en otra etapa, aunque igualmente feliz: “Hoy después de haber cantado toda mi vida por el mundo entero, creo que mi alma encontró un camino nuevo que me ha hecho feliz durante tantos años. Estoy en plena forma y feliz”. Cierto es que desde hace años le echamos de menos en los escenarios y esa es una pregunta que no podía faltar: “Reunir a los músicos, ensayos, trabajar en las canciones… yo ahora mismo, la verdad, es que prefiero meterme en la piscina, hacer una vida sencilla, más tranquila, en la que he aprendido a convivir con la soledad, con la que me llevo de maravilla y nos hemos convertido en maravillosos compañeros de viaje. Tengo el privilegio de poder elegir en qué empleo mis fuerzas, y ahora mismo no tengo la fuerza de antes, pero sí la pasión. Y también me queda algo de vanidad (se ríe). La justa, solo”.
Hay voces que no solo cantan, sino que cuentan la historia de generaciones. Julio Iglesias es una de ellas. Su trayectoria es un viaje por los sentimientos, desde la nostalgia hasta el amor eterno, todo envuelto en melodías que han cruzado fronteras y décadas.
Julio es mucho más que un artista, es un icono universal que ha hecho de la música un idioma común. Pocos artistas pueden presumir de una trayectoria como la suya: más de 300 millones de discos vendidos, canciones interpretadas en más de 14 idiomas, y clásicos inmortales como La vida sigue igual, Hey y Me olvidé de vivir. Su disco 1100 Bel Air Place lo convirtió en un fenómeno global, rompiendo barreras culturales y llevando su voz a todos los rincones del mundo.
Julio, el artista, como vemos, no tiene parangón. Pero lo que realmente le ha convertido en único es que el talento va unido a un carisma y a una calidad humana que no se ha repetido. Para muestra, nuestra depedida. “Antes de colgar... apunta... Siempre suelo decir con mis amigos, incluso en el escenario, para reírnos, que tengo 20 años de cintura para arriba y muchísimos de cintura para abajo, hoy, por ejemplo me encuentro con 81 años de cintura para arriba y de cintura para abajo no tengo edad (y rompe en una nueva y sonora carcajada)”. Lo dicho, un genio.