Aunque el próximo 9 de junio cumple 60, José Campos dice que “volvió a nacer” hace cinco años. Fue en marzo de 2020, en plena pandemia, cuando el empresario sufrió un ictus muy grave que le dejó secuelas en “el cerebro”, que le afectaban a la memoria y a su vocabulario. Un punto de inflexión en la vida de José, que ha aprendido a valorar lo más importante que tiene: la profesora Marian Sousa, con la que se casó en 2014, y Martina, la hija del matrimonio. “Son lo mejor que ha pasado mi vida”, nos dice tras pasar unos días en familia en Cartagena de Indias (Colombia).
—¿Cómo te encuentras, cinco años después del ictus?
—Estupendamente. Físicamente, me he recuperado al cien por cien, pero tengo secuelas, como de memoria.
—Para ello, tuviste que ir al logopeda.
—Sí. Se me olvidaron muchas palabras, muchos nombres, muchas cosas… Dejé de trabajar y dejé lo poco que tenía.
—Cuando hablamos en 2021, estabas tenías miedo.
—No dormía, porque el ictus me pasó a las 3 de la cama. Entonces, me metía en la cama y me asustaba. Encima, con una hija de cinco años… Se me vino todo encima. Aquello me cambió la vida. Lo que quiero tener es tiempo, no dinero. Quiero disfrutar con Marian y Martina.
Tras este gran susto, José Campos, que regentaba su propio restaurante en Santander, se replanteó su vida. “Lo alquilé todo, porque no podía llevarlo”, confiesa el empresario a ¡HOLA!. “También quería disfrutar de Marian y Martina. Hemos ido muchos viajes: París, Ibiza, Menorca… Hemos recorrido España y ahora hemos estado Colombia… Con mi trabajo no me lo podía permitir”, nos continúa explicando.
En la actualidad, Campos tiene un trabajo mucho más llevadero. “Estoy moviendo unos cuadros de mi padre, Antonio Campos, que es un pintor muy conocido aquí en Cantabria. Estoy haciendo litografías gráficas de él y trabajando como comercial de su obra”, nos cuenta. “Aparte, hago mucho deporte y me cuido mucho, que he adelgazado 22 kilos”, nos añade.
—Vas a cumplir 60 años en junio. ¿No da vértigo?
—No. Me siento mucho más joven y eso que he vivido mucho. Disfruto mucho con Martina… Lo bueno es cumplir. Desde hace cinco años, empiezo a cumplir de uno en uno. El ictus fue muy fuerte y me operaron en ese momento. Amigos que estuvieron dentro del quirófano me dieron que entré muy, muy mal.
—Vamos, que volviste a nacer.
—Sí. Llegué a casa despistado. No sabía dónde vivía ni dónde estaba ni cómo se llamaba mi hija,… Eso es muy duro. Martina me preguntaba por qué lloraba… Ya sabía que tenía una hija, pero no sabía cómo se llamaba. Poco a poco, me vino todo y, gracias a Dios, me recuperé muy bien.