"Recibí la noticia con lágrimas de felicidad y con un alivio enorme por este nuevo comienzo", nos confiesa Joana Sanz. Tras la absolución de su marido, Dani Alves, por parte del Tribunal Superior de Cataluña, la modelo -una de las mujeres más buscadas del momento- ha roto su silencio en ¡HOLA! y nos desvela todas las dificultades que ha atravesado todo este tiempo. Porque, además de su difícil situación, por fin, ha podido anunciar lo que tanto tiempo llevaba esperando: su embarazo.
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—La noticia del embarazo ha sido toda una alegría para vosotros, un sueño cumplido después de tanto tiempo intentándolo, ¿qué te dijo Dani cuando se lo contaste?
—Dani tuvo fe en que sería la definitiva desde el minuto cero. Cuando se lo conté, no pudo parar de llorar toda la tarde. Solo daba gracias a Dios.
—Tras tantos años de lucha, de no rendirte en busca de tu bebé, ¿qué sientes ahora mismo?
—Pues ahora que ha pasado el periodo "de riesgo", estoy mucho más tranquila, llena de felicidad y de ilusión por mi bombón. Han sido momentos muy duros y dos años de auténtica montaña rusa emocional, pero ahora estoy aquí. Con una felicidad desbordante y con una bendición que viene en camino.
—¿Qué ha sido lo más duro durante este proceso?
—Tras tres pérdidas, lo que más me tenía en vilo era la incertidumbre de si mi bebé se quedaría conmigo o se iría. Creo que ese miedo me seguirá acompañando hasta que lo tenga en mis brazos, pero poco a poco, con muchos exámenes médicos, que me dejan más tranquila, va desapareciendo ese miedo para dejar paso a la ilusión. La sensación que tengo ahora mismo es inexplicable, pero sé que soy feliz.
—Los problemas de fertilidad son aún un tema bastante tabú y tú lo has hablado abiertamente, ¿cuál es el mensaje que quieres transmitir a otras madres o futuras madres que están viviendo el mismo proceso que tú?
—Hay que dar visibilidad a la parte triste o difícil de la vida. Me han escrito muchas parejas que han sufrido durante años de infertilidad, algunas con final feliz y otras aún en la lucha. No se rindan por más duro y largo que sea el camino, llegará en el tiempo perfecto para cambiar lágrimas de tristeza por lágrimas de alegría.
—La maternidad no era una de tus prioridades, ¿cuándo decidisteis que queríais ser padres?
—Lo decidimos hace unos cinco años, cuando Dani jugaba en Brasil. Yo trabajaba mucho en Europa y pasábamos dos o tres meses separados. Amo mi trabajo y mi independencia y no concebía la idea de dejarlo todo para seguir su sueño... Yo también tengo los míos a nivel profesional. Fue ahí, entre tanta distancia, que decidí ser madre. Lo digo en singular porque él quería que fuéramos padres desde antes de casarnos, pero yo era muy joven y tenía la necesidad de hacer demasiadas cosas antes de dar un paso tan serio. Lo que no me habría imaginado nunca es lo difícil que sería conseguir ser padres. El sufrimiento de los negativos o de las pérdidas nos abrieron un vacío bastante grande... Sumado a la distancia de los trabajos, fue una época muy difícil para la relación.
"Dani tuvo fe en que sería la definitiva desde el minuto cero. Cuando le conté que estaba embarazada, no pudo parar de llorar toda la tarde. Solo daba gracias a Dios"
—¿Cómo descubriste que lo habías conseguido?
—Con cinco test de embarazo, ja, ja, ja. Fueron momentos de mucho nerviosismo, ansiedad en estado puro tras lo vivido anteriormente, pero finalmente apareció reflejado aquel embarazo positivo y rompí a llorar.
—¿Qué fue lo primero que se te pasó por la cabeza?
—El miedo de que el análisis en sangre diera muy bajo y el doctor me dijera: "Malas noticias". Creo que es un proceso complicado y yo tenía mucha incertidumbre con lo que fuese a suceder. A día de hoy, sigo estando intranquila, pero sé que todo va a ir bien.
—¿Qué preferís, niño o niña?
—Ha sido tan duro que nos da igual lo que venga, con tal de que venga sano.
—Los nervios no son buenos consejeros durante el embarazo, ¿qué haces para intentar abstraerte del ruido mediático? ¿Temes que afecte a la salud de tu bebé?
—Hace mucho tiempo que he preferido optar por mi bienestar. Intento no escuchar el ruido de fuera y me quedo con mi entorno seguro.