Kucca Gotor, el nombre artístico que adoptó Esperanza Martínez-Bordiú y Bassó de Roviralta, fue una figura muy destacada de la moda en los años 90. "No había nadie a quien no vistiera en España", nos recuerda la hermana de Pocholo y prima de Carmen Martínez-Bordiú. Por eso, sorprende el inesperado giro profesional de la diseñadora a sus 60 años: se ha convertido en lotera. O, como dice ella, en "repartidora de suerte e ilusiones".
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Kucca está al frente de la administración Los 4 del Gordo, situada en el madrileño barrio de Hortaleza. Allí, nos recibe con José Villaseñor, con quien se casó hace 20 años y con quien tiene dos hijas. "Soy muy feliz y me encanta lo que hago", nos dice sobre su trabajo actual.
—¿Es tuya la administración?
—Sí. Entera, al cien por cien. Me la entregó Loterías y Apuestas del Estado hace más de dos años, el 19 de septiembre de 2022. Me ocupo de llamar a empresas que me encargan números y construyo webs para los números compartidos. Así, cada persona mete su tarjeta y paga lo suyo sin que nadie se tenga que hacer responsable del dinero, como antiguamente. Además, estoy en ventanilla.
—¿Atendiendo a la clientela?
—Sí, yo y otras dos niñas. Desde septiembre hasta el 6 de enero, que es la Lotería del Niño, vengo todos los días, desde que abrimos hasta que cerramos. Fíjate que acabo de pedir la Lotería de Navidad, que me llega en junio. Ya trabajando para Navidad… Es brutal. La gente me dice: "Dame uno que toque". Ahí pienso: "¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío!". Es que es un compromiso, porque la gente te cuenta sus problemas, que le falta esto o lo otro… Entonces, quiero que les toque.
—Te conocimos como diseñadora de moda. Vaya giro profesional.
—Tanto en la moda como ahora, siempre he hecho lo mismo: dar ilusión, esperanza y fantasía.
"Creo que me estafaron"
—¿Cómo empezaste como lotera?
—Tenía un dinero ahorrado y pensaba: "Qué tontería dejarlo en un banco, que no da nada". Por azares de la vida, nos encontramos a una prima de mi marido que tiene otra lotería. Ahí me dije: "Pues esto sí me gustaría hacerlo". ¡Pero es que yo no había comprado un décimo en mi vida! —Ríe—. Luego, lo hablé con una de las socias de Doña Manolita, que es como una tía para mí.
—¿No era amiga de tu familia?
—Sí. La única de las socias que vive era íntima de mi tía Carmen, la hija del Generalísimo (Carmen Franco). La llamé para ver cómo funcionaban ellos. Luego, hice un cursillo que te obligan a hacer y, entonces, me empecé a enamorar… Pero creo que me estafaron cuando compré la administración… Presuntamente, claro.
—¿Qué ocurrió?
—Me desapareció un número entero. Fue brutal. Me entregaron laadministración en septiembre y cuando fui a pedir la Lotería de Navidad de ese año descubrí que ya se había comprado hacía meses. Hasta que no se celebró el sorteo, el 22 de diciembre, y no devolví los décimos que no se habían vendido, no vi que me faltaba un número completo. Ahí estuvimos investigando…
—¿Alguien quiso quedársela por si tocaba?
—No. Desapareció un número entero y estaba valorado en 36.000 euros. Ese dinero lo tuve que poner yo.
—Vaya forma de arrancar…
—Pero eso me dio más fuerza. Ahí pensé: "Esto lo voy a levantar por mis narices". ¡Y lo he levantado! —Ríe—. Tengo unos clientes fantásticos.
—Para tener a dos personas contratadas, es que te va bien el negocio.
—¡Y conmigo somos tres!
—¿Has repartido muchos premios?
—Como ves, la administración está empapelada de premios. Loterías y Apuestas del Estado me manda carteles de lo que vendo cada año.
"En 2013, me diagnosticaron un cáncer y me dieron tres meses de vida. Le dije al oncólogo: 'Ahora me viene fatal morirme'. Tenía dos niñas, de seis y nueve años" "En 2013, me diagnosticaron un cáncer y me dieron tres meses de vida. Le dije al oncólogo: 'Ahora me viene fatal morirme'. Tenía dos niñas, de seis y nueve años"
—Vamos, que atraes a la suerte.
—¡Sí, señor! Hemos dado muchos premios gordos: de 30.000 euros, de 50.000…Cuando damos un premio mayor de 2.000, la persona lo cobra en el banco y no nos dan ninguna comisión. Pero por debajo de los dos mil nos dan un porcentaje.
—¿Qué porcentaje?
—Muy bajito… Pero, en estos más de dos años, llevo dando pequeños premios que, para mí, hacen "un mucho". Es un pellizco. Gracias a eso, he levantado la deuda de 36.000 euros.
"Oye, ¿eres la hermana de...?"
—En la zona, ¿saben quién eres?
—Es un barrio obrero normal, con mucho policía jubilado, porque estoy al lado de la comisaría de Canillas. Es magnífico. A veces me preguntan: "Oye, ¿eres la hermana de…?". O me dicen: "¿Eres la tía…?". Yo respondo: "Sííí". Les llama la atención, claro. En la lotería me llaman "la Pochola" (ríe). Me hace ilusión.
—Es un buen gancho para atraer a la clientela.
—Ahora solo falta que venga mi hermano, pero eso es más difícil.
—¿Qué te han dicho Pocholo y tu familia de este giro profesional?
—Todos ayudan y todos compran lotería. Vamos, que el que no compre se la carga —ríe—. Mi hermano, Pocholo, me ayuda muchísimo porque me trae un montón de clientes. Por ejemplo, de MasterChef.
—¿Mantienes tu relación con tu prima Carmen Martínez-Bordiú? ¿Qué te dice ella?
—La veo muchísimo. Viene a casa porque le encanta mi cocido. Está encantada. Todos están felices porque reparto suerte, ilusión… Yo lo intento. Si no toca, ya no es culpa mía —ríe—.
—¿Por qué dejaste la moda?
—Durante el embarazo de mi segunda hija tuve muchos problemas. El médico me dijo que debía elegir, o moda o niña, que en la moda bien hecha se curra muchísimo. Luego, me han pasado un millón de cosas…
—¿Echas de menos la moda?
—Mucho. Pero, precisamente, mi hija Jimena me la ha devuelto, pues desfila en la Madrid Fashion Week desde hace un año. Fui a verla en la última edición, hace unas semanas, y me llevé una gratísima sorpresa: pensaba que la gente me había olvidado tras 20 años, pero comprobé que no.
—Es que vestiste a gente muy importante. Me acuerdo del vestido que le hiciste a Sonsoles Suárez (hija del expresidente Adolfo Suárez) cuando se casó con tu hermano, Pocholo.
—Y el de Nuria (March) para su boda con Jaime (Martínez-Bordiú). También vestí a las infantas Elena y Cristina, a las Cortina, Cari Lapique, Aline Romanones… A todo el mundo. No había nadie en España a quien no vistiera yo. Esa fue nuestra época gloriosa de la moda de la "gente bien" en Madrid. Estábamos Pedro del Hierro, Jesús del Pozo, Elio Berhanyer… Éramos toda esa panda.
—Además, trabajaste para Óscar de la Renta.
—Y para Ungaro. En París, hice muchos trainnings en varias casas de alta costura, pero el trabajo bueno lo hice con Óscar de la Renta, en Nueva York. Estudié en la Cámara de la Alta Costura de París, que se llama Chambre Syndicale de la Haute Couture Parisien. Como todos los grandes diseñadores son miembros de la cámara, de allí sacan gente para que trabajen con ellos. A mí me llamó Óscar.
—¿Descartas volver a la moda?
—He vuelto un poco a ese mundo gracias a mi hija, pero hacer moda de nuevo sí que lo descarto. Es que todo ha cambiado mucho. Las niñas se ponen un vestido una noche, se aburren de él y lo venden. Estamos en la era Shein, ya es otra historia, ya no se paga por esa costura… Algunas bodas y algunas madrinas… y ya. Aunque ahora mis trajes se los ponen las hijas de las que me compraban entonces.
Su gran mazazo: el cáncer
—Antes nos comentabas que te habían pasado muchas cosas tras la moda. Sobre todo, de salud.
—Sí. En 2013, me diagnosticaron un cáncer de pecho, que es el mismo del que murió mi madre. Mis hijas tenían seis y nueve años. Ahí el oncólogo me dijo: "Te doy tres meses de vida, pero vamos a intentar curarte".
—Vaya mazazo.
—Le respondí al médico: "Ahora me viene fatal morirme" —ríe—. Pasé tres años luchando, muy duros. Gracias a Dios, di con el doctor Román y me dio un tratamiento experimental. De ahí para arriba. Es verdad que salí tocada, pero me recuperé. Ya después, me contrataron para dirigir un restaurante en Pozuelo, Diez y Medio, pero, al año, lo vendieron al Grupo La Máquina. Entonces, creamos nuestro propio restaurante, Reset.
—¿Lo mantenéis?
—No, porque teníamos muchos socios. Después, abrimos Reset en López de Hoyos y lo tuvimos un año y pico. Cuando lo cerramos, encontré la lotería.