Luis Carvajal Hoyos es el autor de Ángeles de cuatro patas, un cuento para adultos dedicado a Api, un perro de raza labrador quien fue su compañero de vida durante 16 años. Juntos compartieron grandes momentos y enseñanzas que refleja en este libro cuyos beneficios van íntegramente destinados a la Asociación Nacional de Amigos de los Animales, ANAA
Con un estilo sencillo, rebosante de cariño y admiración hacia su querido Api, Luis Carvajal honra y agradece el tiempo compartido y las lecciones de vida que le proporcionó quien fue su mejor amigo con su ejemplo de valentía y fortaleza durante la enfermedad.
Un libro recomendado para todos aquellos cuyo corazón ha sido marcado en algún momento por un perro y conocen la relación de complicidad inquebrantable que se entrelaza con ellos. “Es un cuento para reflexionar sobre lo que realmente importa en la vida y que ojalá pueda ayudar a encontrar un ápice de alegría o reconfortar a quienes han perdido a un ser querido, sea de cuatro patas o no. Ojalá algo de este cuento les ayude a encontrar consuelo y a entender también la pérdida como gratitud por los momentos compartidos” afirma su autor.
Luis Carvajal Hoyos es hijo de Jaime Carvajal Urquijo, marqués de Isasi y quien fuera presidente de Ford España. Su madre, María Isabel de Hoyos y Martínez de Irujo es marquesa de Hoyos y prima hermana del actual duque de Alba. Cuñado de Xandra Falcó, es extremadamente discreto y jamás ha aparecido en las páginas de la prensa social. Licenciado en Informática trabaja como Office Leader de Egon Zehnder en España y es mentor de múltiples startups, ha dirigido cortos y entre sus aficiones figuran la pintura y la fotografía.
Luis ¿qué hace una persona como tú, consultor escribiendo un libro sobre un perro?
No es tan raro. En estos últimos meses he acabado un libro que saldrá publicado en breve por Grupo Planeta, pero más relacionado con mi ámbito profesional, centrado en el liderazgo y el talento. Así que cuando Api se fue, este cuento para adultos (no lo llamaría libro) nació de una manera casi espontánea. Sentí la necesidad de recordarle, de mantener viva su memoria y de volcar en palabras todo lo que significó para mí. Además, al reflexionar sobre su vida, sentí que esta historia podía ser más que un recuerdo personal. Pensé que podía resonar con todas las personas que consideramos a nuestros perros parte fundamental de nuestra familia. Seres extraordinarios que tienen una forma única de transformar nuestras vidas.
¿Te ha servido como ‘terapia’ para asimilar o ‘superar’ de algún modo la muerte de Api?
La escritura siempre ha sido para mí una herramienta para procesar emociones complejas. La despedida de Api fue difícil, aunque ya tenía 16 años y era algo que sabía que llegaría más pronto que tarde. Aunque intentaba prepararme mentalmente para ello, la realidad es que nunca estás realmente listo para decir adiós. Sin embargo, escribir sobre nuestra vida juntos me ayudó a transformar la tristeza en gratitud. Quise recordarlo desde la alegría, no desde la ausencia. Aunque un perro es "solo" un perro, compartir 16 años de vida con Api fue uno de los mayores regalos que he recibido. Creo que es importante que el dolor de la pérdida no empañe el agradecimiento por haber tenido la fortuna de vivir tantos momentos juntos. Este cuento es mi manera de honrar su vida, esta conexión y quien sabe, quizás pueda servir también de consuelo a quienes estén atravesando una pérdida similar, recordándoles que, aunque el dolor es inevitable, los recuerdos, las sonrisas y el amor permanecen.
Se trata de un libro cuyos beneficios van destinados íntegramente a ANAA…
Es importante aclararlo: no son los beneficios, sino los ingresos íntegros los que irán destinados a ANAA. Cada euro que vaya a Amazon con la compra del libro es un euro que va a ANAA. Conocí esta asociación por casualidad y su labor me cautivó desde el primer momento. Realizan un trabajo excepcional ayudando a perros abandonados a encontrar un hogar. Me gusta pensar que el recuerdo de Api puede ayudar a otros perros a encontrar su propósito. ANAA es una plataforma extraordinaria que facilita que estas conexiones ocurran. De hecho, cuando complete mi proceso de duelo, tengo claro que mi próximo perro vendrá de ANAA.
Para quienes no hayan leído el cuento, ¿cómo era Api el labrador chocolate en honor a quien escribes ‘Ángeles de cuatro patas'?
Api era un ser mágico, un ángel de luz, un labrador chocolate que llegó a mi vida en un momento de transición personal. Era un perro extraordinariamente noble y optimista que, a pesar de desarrollar una displasia grave de cadera cuando era cachorro, nunca perdió sus ganas de vivir ni su capacidad de encontrar alegría en las cosas más simples, a pesar de tener dificultades para caminar. Vivió 16 años intensos, siendo testigo y parte fundamental de los cambios más importantes de mi vida: un divorcio, un cambio de trabajo, un nuevo amor y la llegada de mis hijos.
Api llega a tu vida en un momento complicado de tu vida, en pleno divorcio. Pero luego atravesasteis otras tormentas juntos, ¿cómo te ayudó?
Por lo que he leído, para muchas personas, su primer perro suele llegar en momentos vitales importantes, una separación, los hijos algo crecidos para que aprendan a tener responsabilidades, la llegada o superación de una enfermedad, personas mayores, o no, en busca de compañía... Dicho esto, no hay que banalizar la decisión de tener un perro. Es una decisión importante y hay que prepararse para garantizar una relación sana tanto para el perro como para su familia humana. En mi caso, Api no fue mi primer perro, llegó muchos años después de haber perdido a Max, mi perro de infancia. Api me enseñó siempre a través de su ejemplo. Me mostró una forma diferente de enfrentar los problemas: no desde la lucha o la resistencia, sino desde la adaptación y la aceptación.
¿Cómo afrontó Api que sus limitaciones físicas aumentaran?
No se resistió al cambio; simplemente encontró nuevas formas de disfrutar de la vida. Si ya no podía correr tras una pelota, encontraba la misma alegría en olfatear cada rincón del parque o en observar las mariposas en la terraza. Siempre estaba feliz. Pero quizás la lección más sutil fue su capacidad para vivir en el presente sin perder la alegría por lo que vendría después. Incluso en sus últimos años, cuando necesitaba ayuda para moverse, cada mañana traía para él nuevas posibilidades. Me enseñó que la verdadera sabiduría no está en la resignación, sino en la capacidad de encontrar nuevos motivos para la ilusión, incluso cuando las circunstancias cambian.
Pese a no gozar de la mejor salud, Api fue un ejemplo de lucha y de superación, era optimista y no se dejaba vencer nunca. ¿Te hizo reflexionar su forma de enfrentarse a la vida?
Lo que más me impresionaba de Api era su capacidad para redefinir la felicidad según sus circunstancias. No se trataba solo de optimismo, sino de una sabiduría natural para adaptarse sin perder su esencia. Me hizo entender que la vida no se mide por lo que no podemos hacer, sino por cómo aprovechamos lo que sí podemos. Api nunca se comparaba con otros perros; simplemente vivía su vida plenamente dentro de sus posibilidades. Una buena amiga, Claudia Tecglen, que tiene espasticidad desde que nació, y que desarrolla una labor extraordinaria desde su fundación luchando por la inclusión de las personas con discapacidad en el trabajo, me hizo ver Api desde una perspectiva diferente.
¿Qué te dijo?
Me explicó cómo su historia podía ser una fuente de inspiración para muchas personas que viven con alguna discapacidad. Como ella bien me recuerda, si tenemos la suerte de envejecer, todos acabaremos experimentando algún tipo de discapacidad como limitaciones físicas o cognitivas. Esta perspectiva añade una dimensión profundamente humana a la historia de Api, recordándonos que la capacidad de adaptación y el optimismo son cualidades que todos podemos y debemos cultivar, independientemente de nuestras circunstancias actuales.
De todo lo que cuentas en tu libro que te aportó durante esos maravillosos dieciséis años juntos, ¿qué es lo que más destacarías?
Me enseñó que la verdadera riqueza de la vida no está en los grandes momentos, sino en cómo vivimos los pequeños. Un ejemplo perfecto eran nuestros paseos diarios. Para Api, cada salida era una aventura espectacular, incluso cuando recorríamos el mismo camino de siempre. Se detenía a investigar cada aroma, cada rastro como si estuviese analizando quién había pasado por ahí. Con el tiempo, esta forma suya de vivir se volvió contagiosa. Empecé a ver el mundo a través de sus ojos: cada día traía algo nuevo que descubrir, cada momento era una oportunidad para sentirte feliz.
Cuando relatas que fue testigo importante en tu boda con Cristina ¿a qué te refieres? ¿Asistió?
Claro que asistió. Como miembro de la familia, Api era un invitado importante en mi boda. Eso sí, no se sentó en el banquete y se fue pronto a la cama. Que estuviera Api en la boda, ya mayor pero con su mirada llena de alegría, es uno de esos recuerdos que me anima especialmente. Había sido testigo de muchos momentos importantes en mi vida, y este era el más importante.
Imagino que te habría gustado que hubiera podido disfrutar de más tiempo con tus hijos pequeños, quienes le adoraban…
Me gusta pensar que Api conoció a mis dos hijos y que disfrutaron juntos. Aunque cuando Api nos dejó eran muy pequeños, con tres y un año, se acuerdan muy bien de él. Han pasado seis meses desde su partida y todavía hablan de él con mucho cariño. Les expliqué que Api se fue con D'Artacán (uno de los héroes favoritos de mi hijo) para ayudarle en sus misiones de rescate. Incluso tenemos un dibujo de ambos juntos donde Api solía dormir. A veces mi hijo me pregunta con cierta tristeza por qué Api tuvo que irse con D'Artacán, me dice que le echa de menos, pero luego nos ponemos a reír recordándole.
¿Qué ventajas crees que tiene que un niño se crie junto a un perro?
Compartir la infancia con un perro es una de las experiencias más enriquecedoras que un niño puede tener. Más allá de aprender sobre cuidados y responsabilidades, un perro enseña a los niños algunas de las lecciones más importantes en la vida como el amor incondicional, la empatía, la aceptación, la amistad o la lealtad. En el caso de Api, aunque ya era mayor cuando nacieron mis hijos, les enseñó algo extraordinario: la empatía hacia quien es diferente o tiene limitaciones. Aprendieron a adaptar sus juegos a las capacidades de Api, a ser gentiles con alguien más vulnerable, a entender que cada ser tiene sus propias necesidades y formas de expresar afecto. Un perro también enseña a los niños sobre la autenticidad en las relaciones. Les muestra que el amor o la amistad no depende de la apariencia, del éxito o de las capacidades. Les (nos) ayuda a entender que cada ser es valioso por sí mismo, y que las amistades más importantes se construyen desde el corazón. Además, un perro en casa ayuda a crear un ambiente de alegría y espontaneidad que es muy beneficioso para el desarrollo emocional de los niños.
¿Te gustaría que el día de mañana tus hijos pudieran disfrutar de una relación tan especial con un perro como la que has tenido tú con Api?
Confío en que tendrán uno (o varios) perros con los que puedan disfrutar durante su infancia. Me encantaría pensar que parte de la enseñanza a mis hijos es el amor por los perros. Más adelante, cuando sean mayores, ellos decidirán si y cuando quieren tener su propio compañero de vida.
Un ser que te ha marcado tanto estoy convencida que sigue muy presente en tu día a día. ¿En qué momentos le recuerdas más?
Le recuerdo todos los días. Muchas veces cuando trabajo le siento sentado a mi lado, a mis pies, encima de mis pies, como solía ponerse. También cada vez que entro en la cocina, mi mirada se dirige instintivamente a su rincón favorito, donde le gustaba descansar. Tengo fotos y dibujos suyos por media casa. Es fácil recordarle. A veces, por la noche, incluso creo haberle oído ladrar. Lo podría jurar. Sueños. Ecos del pasado. Así lo entiendo. Pero como te dije, siempre lo hago con una sonrisa. No me permito que la tristeza se apodere de su recuerdo. –
Y por último, ¿nos puedes contar alguna anécdota divertida o trastada de Api?
Mil. Era un perro juguetón y siempre alegre. Como buen labrador, se comía todo lo que encontraba por casa, los sofás, los zapatos y los cables eran su alimento preferido mientras le crecían los dientes. Le encantaba la playa, llenarse de arena para llenarnos de arena… Quizás lo más complicado es que durante muchos años, cuando estaba soltero, Api dormía conmigo… y eso complicaba mucho las relaciones con mis novias. Era casi una prueba de fuego que reconozco era muy difícil de superar. Cristina, mi mujer, sacó un sobresaliente, porque consiguió que Api durmiese en la cocina sin rechistar… y fuimos felices los tres.