Gene Hackman, el legendario actor de Hollywood, fue hallado sin vida en su hogar de Santa Fe junto a su mujer, Betsy Arakawa, y su inseparable perro. La noticia sorprendió al mundo del cine y dejó tras de sí un aire de misterio. No había signos de violencia ni una causa evidente de fallecimiento. Así terminaba la historia de un hombre que, a lo largo de más de ocho décadas, había conquistado la gran pantalla sin jamás buscar el brillo del estrellato.
Pero la vida de Hackman no se definió solo por su talento y éxito. Detrás del actor laureado con dos premios Oscar, había un hombre de personalidad compleja, forjado en la adversidad y marcado por las pérdidas. A lo largo de los años, la vida se encargó de recordarle una y otra vez que nada le sería fácil.
Del abandono de su padre a la muerte de su madre
Gene Hackman nació en 1930 en San Bernardino, California, pero creció en Danville, Illinois. A los 13 años, vivió el primero de muchos golpes que marcarían su carácter. Su padre, sin previo aviso, se subió a un coche, lo saludó con la mano y desapareció para siempre. Años después, Hackman recordaría aquel momento con una mezcla de resignación y tristeza: "Por la forma en que me miró, supe que nunca volvería".
Criado por su madre, Anna Lyda Hackman, en condiciones modestas, encontró en el cine una vía de escape. Admiraba a actores como James Cagney, hombres duros que parecían reflejar la dureza de la vida misma. Pero si su infancia fue difícil, su adolescencia no ofreció consuelo.
Rebelde y problemático, abandonó la escuela y, a los 16 años, mintió sobre su edad para enlistarse en la Infantería de Marina. Sirvió en China y Japón como operador de radio, pero su carácter indomable le trajo problemas. Fue degradado varias veces y, tras un accidente de tráfico, terminó siendo dado de baja en 1952. De regreso a la vida civil, sin rumbo claro, probó distintos oficios antes de que la interpretación le conquistara sin vuelta atrás.
Pero aún tenía otra herida por sufrir. En una fría noche de 1962, un incendio consumió la casa de su madre. Su adicción al alcohol y el cigarrillo fue, según se dice, la chispa fatal. Hackman no solo perdió a su madre en aquel incendio devastador; perdió también cualquier posibilidad de redención en una relación que había sido tensa y distante. La culpa, el dolor y la angustia lo acompañarían por el resto de su vida.
Penurias con Dustin Hoffman y Robert Duvall
En busca de un propósito, Hackman ingresó al Pasadena Playhouse, una prestigiosa escuela de actuación en California. Pero lejos de encontrar apoyo, fue humillado. Sus profesores lo catalogaron como el estudiante con menos posibilidades de éxito.
Sin embargo, Hackman no se dejó vencer. Se trasladó a Nueva York, donde compartió penurias con jóvenes actores como Dustin Hoffman y Robert Duvall. Vivieron en apartamentos diminutos, trabajaron en empleos precarios y se alentaron mutuamente mientras luchaban por abrirse camino en la industria.
Su gran oportunidad llegó en 1967 con Bonnie y Clyde, donde interpretó a Buck Barrow, el hermano del legendario criminal. Su actuación le valió su primera nominación al Oscar y lo puso en la mira de Hollywood. Pero el papel que lo catapultó a la fama fue el del detective Popeye Doyle en The French Connection (1971), un personaje brutal y obsesivo que le otorgó su primer Oscar.
Desde entonces, Hackman se convirtió en un actor de culto, protagonizando clásicos como The Poseidon Adventure (1972), The Conversation (1974) y Superman (1978), donde dio vida a un Lex Luthor carismático e inolvidable. En los 80 y 90, continuó explorando personajes complejos y en 1992, con Sin Perdón, de Clint Eastwood, donde ganó su segundo Premio de la Academia por su interpretación del despiadado sheriff Little Bill Daggett.
Alérgico al glamour de Hollywood
A pesar de su talento, Hackman nunca se sintió cómodo en Hollywood. Odiaba las entrevistas, evitaba los eventos sociales y prefería una vida privada. Su intensidad en la actuación no era solo una cuestión de técnica: sus personajes duros y heridos reflejaban, en gran parte, su propia historia.
Finalmente, en 2004, después de filmar Welcome to Mooseport, Hackman tomó una decisión radical: desapareció del cine. Se retiró a una vida tranquila en Nuevo México, junto a su esposa Betsy Arakawa, con quien compartió más de tres décadas de matrimonio. Lejos de los focos encontró una nueva pasión en la escritura y se dedicó a la literatura.
Un retiro marcado por un altercado y un accidente
Pese a su retiro, Hackman volvió a ser noticia en 2012 cuando protagonizó un altercado en Santa Fe. Mientras paseaba con su esposa por la plaza del centro, un hombre sin hogar llamado Bruce Becker se les acercó de manera agresiva y dirigió insultos hacia Betsy. Temiendo por su seguridad, Hackman reaccionó abofeteándolo en defensa propia. El incidente quedó registrado por la policía, pero no se presentaron cargos formales.
Ese mismo año, Hackman sufrió otro revés: fue atropellado por un coche mientras montaba en bicicleta en los Cayos de Florida. A sus 82 años, tuvo que ser trasladado en avión a un hospital, aunque logró recuperarse sin secuelas graves.
Un enigmático final
El 27 de febrero de 2025, Gene Hackman y su esposa fueron encontrados muertos en su hogar de Santa Fe. Sin signos de violencia, sin explicaciones claras, solo el enigma de una despedida silenciosa.
Así se fue Gene Hackman, el niño abandonado, el joven rebelde, el actor inmortal. Un hombre marcado por la tragedia, pero que nunca dejó de luchar.