La semana pasada, tras muchos meses alejados del escrutinio mediático, el matrimonio formado por el actor Richard Gere, de setenta y un años, y la española Alejandra Silva, de treinta y ocho, reapareció en público. Era una de las primeras veces que se exponían en las redes sociales tras recibir, hace un año, coincidiendo con la pandemia de coronavirus, al segundo de sus hijos en común, un niño del que no ha trascendido su nombre. En 2019, recibieron al pequeño Alexander, de dos años.
La gran estrella de Hollywood y su esposa comparten, además de un proyecto de vida, un sentido solidario de la existencia. Ese ha sido el motivo de su regreso al ojo mediático: dar ánimo a la ONG española Open Arms, dedicada a rescatar a migrantes en el mar con su barco homónimo. “Apoyando a todos nuestros amigos de #openarms por el incesable trabajo que hacéis diariamente. Nuestros corazones están con todos vosotros”, ha escrito Alejandra Gere en su perfil de Instagram.
A pesar de este post, la pareja, que habitualmente practica la discreción, tiene una vida muy tranquila. Ambos residen en un idílico rancho en Pound Ridge, a 65 kilómetros de Manhattan. En 2018, celebraron allí su boda, un mágico enlace del que informó ¡HOLA! en exclusiva mundial y que fue oficiado por el rito budista, la religión que ambos, seguidores del Dalai Lama, profesan. En la tranquilidad de la Naturaleza, crían a sus dos hijos en común y a Albert Friedland, de ocho años, el hijo de Alejandra nacido de su anterior matrimonio con el empresario Govind Friedland. Por su parte, Richard Gere es padre de Homer James Jigme, de veintiún años, fruto de su matrimonio con la actriz Carey Lowell.